Nuestra palabra
Sábado, 29 de Diciembre 2018

Migrantes en busca de oportunidades y libertades

Los migrantes hondureños que forman parte de la caravana se fueron del país para salvar su propia. Don Céleo Archaga, es un pastor evangélico que se vino de Honduras, huyendo de las persecuciones políticas ya que, según narró a Radio Progreso, como líder y guía espiritual no puede hacerse de la vista gorda frente a un régimen que lidera Juan Orlando Hernández violando los derechos humanos y que se impone por la fuerza de las armas, el chantaje y la compra de voluntades.

Después de sufrir un atentando, tras liderar las protestas callejeras contra el fraude electoral, Don Céleo tomó la valiente decisión de salir de su casa acompañado de su hija menor de edad. Con voz entre cortada contó que las amenazas y la persecución se dieron por denunciar, desde su trinchera, los abusos del régimen hondureño. Ahora don Céleo pide asilo o protección internacional a Estados Unidos desde la frontera mexicana en la ciudad de Tijuana.

Unos dos mil migrantes entre hombres, mujeres, niños y niñas están alojados en la explanada El Barretal, un sitio municipal utilizado para eventos públicos, conciertos musicales y la instalación de ferias populares. El Barretal es una comunidad ubicada a unos 30 minutos del centro de Tijuana. El albergue está controlado por la marina mexicana y la policía municipal de Tijuana más las autoridades del Instituto Nacional de Migraciones.

Allí permanece otro hondureño que sueña con llegar a los Estados Unidos para llevar comida a la mesa de familia. Se trata de Carlos López. Salió de su casa, en La Entrada, Copán, desesperado por no tener nada para darle de comer a sus hijos. Escuchó sobre el paso de la caravana por su tierra y decidió unirse a ella en Esquipulas, Guatemala. Carlos tiene su propia casa, pero no tiene trabajo y se vio en la obligación de sacar a sus hijos de la escuela pública porque no podía pagar un dinero para los gastos escolares. Cruzar al otro lado significa para él la salvación de su familia de las garras del hambre, la pobreza y la miseria.

Entre esa población se cuentan tantas historias llenas de dolor e impotencia. También está Wendy que viaja junto a su esposo Amílcar, son originarios de la comunidad de El Jícaro, Quimistan, Santa Bárbara. Después de pelearse con la muerte en ese difícil camino que les tocó recorrer desde Honduras hasta Tijuana, México, decidieron casarse. Una historia de amor con muchos momentos dolorosos como migrantes, pero con una esperanza de darles un mejor futuro a sus tres niñas que quedaron en Honduras al cuidado de la abuela.

Estas historias reflejan esa cruda realidad de muchas personas buenas, honestas, luchadoras y trabajadoras que sueñan con un mejor país, con un país de oportunidades y libertades. En cada una de estas historias se reflejan las esperanzas de estos ciudadanos y ciudadanas que salieron expulsados de su propia tierra por las decisiones erróneas de unos cuantos fulanos que se están adueñando del país.

 

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