

Movimiento social ante nueva oportunidad
El movimiento social en sus diversas expresiones no se preparó ni para ser oposición creativa, oportuna y propositiva, ni para participar como expresión popular oficialista del gobierno. Para ambas posturas, el movimiento social, en general, careció de autonomía y fortaleza. No logró situarse con identidad ante un gobierno y un partido que perdieron elecciones y la oportunidad de construir proyecto de nación. Fue un movimiento social que quedó a remolque del electoralismo oficial.
Existen sectores del movimiento social que participaron en el gobierno con muy poca capacidad crítica. Fue un sector popular partidista, sin capacidad para deliberar, sin pensamiento propio, solo para obedecer, con una formación doctrinaria más cargada de activismo y sin capacidad para hacer críticas. Quien criticó recibió la purga ipso facto. Una lección aprendida en estos cuatro años es que un movimiento social dependiente de un partido político, siempre será apéndice, nunca tendrá vida propia.
Hubo otros sectores del movimiento social que se colocaron en la parte extrema a los oficialistas. Entendieron que ser oposición era no dar concesión alguna al gobierno, y cuanto más distante estuvieran, menos riesgo corrían de contaminarse. Nada que ver con el Estado, pareció ser la consigna. Fue oposición escéptica. Y al final, sus posiciones pudieron favorecer a la oposición perversa, destructiva de remate. Una lección aprendida: en el movimiento social ningún extremo fructifica. Ni ser ciego ante un partido y gobierno, ni ser de remate anti Estado. Desde una identidad de autonomía, se pueden establecer diálogos y acuerdos.
Otra expresión del movimiento social se ha ubicado en las luchas territoriales y desde la identidad del movimiento social ambientalista, de derechos humanos y con posiciones críticas propositivas. Para este sector, el gobierno fue una oportunidad para negociar a favor de la protección del ambiente y de las comunidades. Una oportunidad que se perdió, porque desde el oficialismo pareció prevalecer aquella torpe divisa de que “quien no está con nosotros está en contra nuestra”.
Esta expresión del movimiento social y popular fue la más incómoda y a la vez muy limitada. Y es la que está llamada a reavivar a todo el movimiento social en esta tormentosa coyuntura que se está abriendo. Un movimiento social convocado a ser oposición firme, expresión de las mayores demandas de la sociedad de los pobres, que ha de confirmar su identidad territorial, popular, indígena, campesina, de base, con plena autonomía de los partidos políticos y de todos los poderes establecidos.
Y ahora este movimiento social se encuentra ante la tarea de ser oposición para una prolongada carrera de resistencia y de obstáculos. Y para ello se ha de evitar caer en la tentación de los cortos plazos, en donde la carrera de velocidad solo dejará al movimiento social expuesto ante un prolongado período de un crudo invierno político.
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