Lunes 11, noviembre 2024  

Una señal de los tiempos

Las recientes elecciones pintaron a Estados Unidos como un país que está más cerca de una republicana bananera latinoamericana y muy lejos del prototipo de estado moderno, con instituciones sólidas, democracias estables y población cohesionada. El candidato ganador encarna los valores típicos del caudillo populista: racista, machista, corrupto, en su caso con el agravante de ser un criminal confeso.

Cuesta asumir que, a un estado del primer mundo, llegue a la presidencia un delincuente culpable de decenas de delitos, pero cuesta más aceptar que millones de estadounidenses hayan votado por una persona con esos antecedentes. Tal vez estamos ante la manifestación de un problema más profundo en el corazón del imperio. Expertos, principiantes y hasta charlatanes de la política han dibujado la silueta de un país dividido entre blancos y negros, religiosos y mundanos, entre buenos y malos, entre rico y pobres, entre pacifistas y violentos.

En las narrativas de los candidatos se ocultaron dos problemas de fondo. Por un lado, el neoliberalismo debilitó la democracia y las instituciones públicas y, al mismo tiempo, ha empobrecido a las mayorías. Para esas mayorías, la democracia dejó de tener sentido, porque no hay espacio para los sueños, para los proyectos de largo plazo, todo se queda en lo inmediato y en la sobrevivencia. Sobre todo, porque nunca dejaron de pagar impuestos.

Por otro lado, una fuente importante de acumulación de riqueza ha ido por la tecnología y la industria del entretenimiento, algunos dicen que estamos frente a una sociedad del espectáculo, otros que estamos en una sociedad líquida, lo indiscutible es que vivimos tiempos donde todo es pasajero y nada trasciende, adictos a las pantallas y a los videos cortos. En este marco, las elecciones de Estados Unidos fueron un episodio más de la serie, los insultos o mentiras de Trump es un video de Tik Tok más para reír o llorar. El futuro no importa, el aquí y ahora es lo determinante.

El fenómeno de Donald Trump es mundial y la risa individual frente a la pantalla también, ahí tenemos dos dinámicas que están marcando la vida de nuestros pueblos, son dos dinámicas conectadas a las emociones de la gente y son dos dinámicas conectadas y conducidas por las nuevas élites globales. Curiosamente, los principales socios de Trump son los propietarios de X, de Amazon o Facebook que a fin de cuentas son los nuevos señores feudales y las inmensas mayorías del planeta somos sus siervos.

Parafraseando a escritores y cantautores latinoamericanos, son tiempos recios, pero no son tiempos para recular, ni de vivir de leyendas. Son tiempos límites, para la búsqueda y para convertir la rabia y el desencanto en estrategia organizada. Gastemos la vida en ello.