

Vulnerabilidad socioambiental del Valle de Sula y soluciones estructurales
El cuidado de nuestra casa común es fundamental. Además de reducir los riesgos climáticos el cuidado del medioambiente también fortalece la resiliencia de las comunidades en perpetuo riesgo. No es suficiente construir infraestructuras de cemento; es fundamental reforestar las cuencas altas del Merendón y las montañas de Omoa. Estas áreas necesitan árboles para que los suelos retengan el agua de manera gradual.
El dragado de los ríos Ulua y Chamelecón, el mantenimiento de los canales de alivio, la construcción de muros y reparación de las bordas ha de estar unido al protagonismo de las comunidades para hacer sentir su voz y sus grandes demandas ciudadanas en todos estos procesos, puesto que son ellas las que sufren el impacto directo de la inclemencia de las inundaciones. Y después sufren las crisis de las plagas, las enfermedades y el hambre que incrementa los índices de desnutrición crónica que nos afecta en el país.
Las soluciones no se imponen con proyectos que se crean en oficinas por burócratas. Nada nuevo puede surgir sin incluir las voces de las comunidades afectadas en cada paso de las respuestas a la vulnerabilidad socioambiental.
El Valle de Sula concentra el 26% de la población hondureña y el 62% de actividad productiva nacional. Dada la gran importancia que tiene se ha pensado en la construcción de represas estratégicas y una de ellas es la represa en el río Chamelecón. Tema peliagudo y conflictivo porque no se han creado los espacios ni se ha logrado el protagonismo de las comunidades afectadas por el embalse y la reubicación que se proyecta realizar con esta mega construcción.
El cuidado de la casa común pasa por afrontar las grandes deficiencias que se identifican en el Valle de Sula, y una de ellas es la contaminación severa del río Chamelecón que es el más contaminado de Honduras, según el análisis hidrológico que se ha hecho. Contaminación producida porque el 80% de aguas residuales desembocan sin tratamiento en los ríos Ulúa y Chamelecón teniendo un impacto en más de 2 millones de personas que habitan en las regiones irrigadas por estos ríos. Esto supone un alto riesgo para la salud pública.
Resumimos. Las soluciones a los graves problemas de la vulnerabilidad socioambiental en el Valle de Sula no solamente se concentran en la infraestructura física; pasan por la coordinación institucional, el protagonismo de las comunidades afectadas y el cuidado permanente de nuestra casa común. En ese compromiso hemos de encontrar y redescubrir nuestra propia identidad como pueblo hondureño, y particularmente de esta zona noroccidental.

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