
Miles de hondureños y hondureñas siguen siendo deportados desde Estados Unidos, muchos regresan con las manos vacías y el corazón lleno de heridas. Atrás quedan los sueños de un futuro mejor, truncados por las fronteras y la desigualdad. Sin embargo, muchos de ellos y ellas vuelven con la esperanza de reconstruir su vida, enfrentando la misma pobreza, violencia y falta de oportunidades que los obligó a marcharse.