Viernes, 08 Diciembre 2023  

“América para los americanos”, 200 años después

En este diciembre se cumplen 200 años de aquella expresión formulada, dicen, por el entonces presidente de los Estados Unidos, James Monroe, y quedó patentado como la “Doctrina Monroe”, “América para los americanos”, y que en los hechos ha pasado a ser “el mundo para los americanos”, es decir para el gobierno de Estados Unidos.

Se sabe de funcionarios en el gobierno de Estados Unidos, particularmente senadores y congresistas Demócratas, que han atendido los clamores de nuestros pueblos. Para muestra está el botón de las varias cartas de denuncia ante las amenazas a defensores del ambiente en Guapinol, en la zona del Aguán en el noreste de la costa atlántica hondureña. Pero además, delegaciones de estadunidenses se han hecho presente en nuestro país en solidaridad con comunidades y organizaciones amenazadas por sus compromisos en defensa del ambiente y de los derechos humanos.

Sin embargo, Estados Unidos ha sido un imperio intervencionista a lo largo al menos de doscientos años implementado la Doctrina Monroe. Bien sabemos que en su historia este poderoso imperio ha impulsado diversas políticas, en su inmensa mayoría intervencionistas y controladores. Unas veces ha sido la “política del gran garrote”, otras ha sido más diplomática o política suave, con el garrote disimulado, y tantas veces una combinación de diplomacia suave con garrote en mano.

Todas estas políticas son complementarias. En determinados períodos se hace énfasis más en una que en otras. Pero en todas ellas prevalece la decisión del gobierno de Estados Unidos por defender sus intereses. Si esto se logra con diplomacia y política de “buena vecindad” será el imperio bonachón. Si así no se logra, sin dudarlo se recurre al gran garrote en tanto política dura, sea apoyando golpes de Estado, sea a través de la guerra directa o suministrando armamento. 

Cada una de esas políticas no hace peor ni mejor al imperio, sino que por distintos caminos se busca el objetivo político de mantener el control y la presencia imperial en el planeta. Al final de cuentas –aunque haya gente que se confunda y aplauda cuando extraditan a narcotraficantes o quita la visa y condena moralmente a personajes corruptos–, en Estados Unidos no hay gobiernos mejores o peores. Siempre serán gobiernos que harán sentir de muy distintas formas la voluntad de un único, impecable e implacable imperio.