

Hacia una verdadera democracia más allá de las elecciones
En estos tiempos electorales, se suele creer que la democracia se limita a votar cada cuatro años y que el resto del tiempo solo nos toca esperar a que quienes gobiernan hagan cosas que nos beneficien.
No obstante, hay que recordar dos disposiciones importantes: una de carácter nacional y otra, internacional. La primera es el artículo 2 constitucional que señala que la soberanía, es decir, el poder, reside en el pueblo.
La segunda es el artículo 1 de la Carta Democrática Interamericana que establece que la democracia es un derecho y que los Estados tienen la obligación de garantizarlo.
En virtud de lo anterior, debemos comprender que, en el ejercicio de nuestro poder soberano, nuestra participación no se limita a escoger a quienes ejercerán el poder en nuestro nombre y representación.
Tenemos que asumir que como miembros del pueblo somos titulares directos de ese poder y que tenemos derecho a decidir sobre la forma en que será ejercido en nuestras comunidades y territorios.
Esto es particularmente importante cuando quienes gobiernan realizan acciones que ponen en riesgo nuestros derechos e intereses, a pesar de que tienen la obligación de protegerlos.
Por ello, tenemos que articularnos para garantizar una participación permanente, ética y responsable en la defensa de nuestros territorios, pues la democracia implica que las comunidades sean el poder y no que lo escojan para ser representadas.
