

Salud y pueblo enfermo
No debe sorprendernos que el mismo sistema de salud en nuestro país sea un factor para la muerte de mucha gente pobre, en lugar de ser factor posibilitador de esperanza y de vida. Siendo la salud tan precaria, el sistema de salud ha sido cueva de saqueadores y los políticos han usado el sistema de salud para traficar con medicamentos y equipos médicos y como un factor propicio para el clientelismo.
Un país como el nuestro, que debía tener muchos de sus recursos puestos en la salud preventiva, no tiene ni siquiera una política clara de salud curativa. Viene una epidemia, como el dengue, y ni siquiera existen planes para hacer frente a los criaderos de zancudos. Y cuando nos cayó la pandemia quedó al desnudo el manejo de los recursos a través de las mafias, expertas en desviar recursos destinados a salvar vidas.
Nuestro sistema de salud expresa y refleja el concepto de salud que existe de fondo en los sectores exclusivos de la sociedad hondureña: la salud es privilegio de pocos, y para que este privilegio exista es necesario marginar a la mayoría de la sociedad de una atención digna. Nada hay más aberrante que la privatización de la salud en una sociedad con un pueblo enfermo y sin capacidad para cubrir sus necesidades médicas.
En nuestro país necesitamos transformaciones a fondo del actual concepto de salud. Estas transformaciones han de estar unidas con un cambio amplio y profundo de las estructuras económicas y sociales del país. Transformaciones que tienen que ver con las políticas ambientales, la situación laboral, la seguridad social y ciudadana, la educación y los procesos de integración social y comunitaria, la reflexión sobre la cultura y la progresiva humanización de la misma. Pero tiene que ver con un sistema de lucha contra la corrupción.
La gente enferma ha de ser la privilegiada, y ha de ocupar el centro de todos los programas de salud, de los profesionales de la medicina, de los gremios de la salud y de las políticas públicas oficiales. Para las transformaciones que el país necesita en asuntos de salud pública, es completamente necesario que se hagan barridas de aquellos sectores que en el presente siglo han manejado el sistema de salud para emplear a activistas y para hace uso perverso de los bienes que debían orientarse a la atención de la gente enferma.
Siempre asalta la sospecha de si en el actual manejo de la política de salud, así como se ha iniciado, estén agazapadas mafias farmacéuticas históricamente vinculadas a sectores pudientes asociados con capitales transnacionales y con altos dirigentes políticos, cuyo único fin es hacer negocio con la salud. Ojalá no sea así, y el manejo de la salud tenga en el centro a la población pobre enferma y se oriente hacia un sistema de salud integral y con el uso de los recursos con normativas legales y transparentes.
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