

El despertar social, buena noticia para Honduras
Entre tantas incertidumbres. Amenazas y miedos, hay una noticia que merece ser leída con esperanza: el despertar del movimiento social después de un prolongado periodo de letargo. Durante demasiado tiempo, amplios sectores sociales permanecieron en silencio, ya fuera por cansancio, desencanto, temor o falta de condiciones para articular sus demandas.
Pero una sociedad que calla indefinidamente frente a sus necesidades, injusticias y exclusiones no construye estabilidad; apenas acumula malestar y desencanto. Por eso, que hoy diferentes sectores comiencen a levantar nuevamente su voz, a organizarse y a movilizarse pacíficamente, hemos de verlo como una expresión legítima de recuperar la vitalidad democrática.
No puede haber estabilidad verdadera en un país donde el gobierno no escucha ni atiende las demandas de los diversos sectores sociales. La gobernanza no consiste en administrar el poder desde arriba y para los de arriba, ni en exigir calma a quienes viven diariamente las consecuencias de la desigualdad, la precariedad o el abandono institucional.
Gobernar significa reconocer la legitimidad de las demandas ciudadanas y asumir respuestas concretas ante ellas. La historia demuestra que muchas de las transformaciones más importantes no han nacido de la sola voluntad de los gobiernos, sino de la presión organizada de la sociedad. Es la voz de las comunidades, de los trabajadores, de los jóvenes, de las mujeres, de los pueblos indígenas y de tantos sectores históricamente postergados, la que empuja las decisiones que de otro modo seguirían en espera inútil.
La movilización pacífica no es obstáculo para la gobernabilidad; es una condición para hacerla representativa y sólida. Solo la presión desde abajo, en el marco de la organización y la movilización pacífica, podrá obligar al gobierno a responder con la seriedad que demandan los problemas nacionales. La estabilidad no se decreta. No nace del silencio social ni de la pasividad ciudadana. La estabilidad política auténtica surge cuando existe una relación dinámica entre un pueblo que participa, exige y propone, y un gobierno que escucha, atiende y corrige.
El despertar del movimiento social debe ser asumido como una buena noticia. Es el recordatorio de que la sociedad sigue viva, de que no ha renunciado a su derecho de reclamar dignidad, justicia y respuestas. Ninguna autoridad se debilita si escucha y atiende reclamos de la ciudadanía organizada. Escuchar al pueblo que organizadamente reclama y presiona no debilita la autoridad: la legitima.

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