

Brasil: un ejercicio democrático en defensa de lo público
La victoria de Lula en Brasil no solo reconfigura el mapa político de América del Sur. También sacude las certezas de un mundo cada vez más asediado por las extremas derechas políticas, financieras, económicas, mediáticas, tecnológicas y religiosas milenaristas, empeñadas en secuestrar la democracia para ponerla al servicio del mercado, del odio y del despojo.
Lula no solo ganó el balotaje. Ganó, sobre todo, la posibilidad de frenar un proyecto de devastación. Brasil estuvo al borde de profundizar una ruta marcada por el autoritarismo y la entrega de lo público a los grandes poderes económicos. Estuvo al borde de seguir abriendo la Amazonia al saqueo y de convertir el pulmón del planeta en territorio de extracción sin límites.
No era una disputa cualquiera. Del otro lado estaba Bolsonaro, respaldado por la constelación internacional de las derechas más agresivas: el trumpismo, los magnates de la tecnología, los intereses extractivos, los operadores del fanatismo político-religioso y los poderes globales que ven en América Latina una tierra disponible para el negocio, el control y la depredación.
Más de cuatro millones de votos por encima de Bolsonaro no solo expresan una victoria numérica. Expresan una respuesta popular. Expresan la capacidad de Lula de remontar los obstáculos, de volver a hablarle a su pueblo, de reconectar con las mayorías y de recordarles que el voto seguía siendo un instrumento decisivo para defender no solo un gobierno, sino la idea misma de lo público, de lo común, de lo que pertenece a toda la sociedad.
Pero nadie debería llamarse a engaño. La victoria de Lula no clausura la amenaza. Apenas abre una nueva etapa de disputa. Gobernará bajo presión, con sectores poderosos decididos a bloquear, desgastar y sabotear cualquier intento de reconstrucción democrática y de justicia social. Tendrá enfrente a adversarios y enemigos dispuestos a socavar su liderazgo y a incendiar, otra vez, la convivencia democrática.
Brasil vuelve a convertirse en escenario decisivo para el continente y para el mundo. Sobre ese país estarán puestas las miradas de las derechas que quieren verlo fracasar y de los pueblos que necesitan verlo resistir. Para América Latina, este momento brasileño puede ser una señal y una lección. Puede ser la confirmación de que sí es posible enfrentar a las derechas corruptas, autoritarias y depredadoras que han extendido su sombra sobre el continente. Y puede ser, también, una invitación urgente a defender la democracia como herramienta viva para proteger lo público, la dignidad y el futuro.
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