

Semana Santa: de la cruz a la plenitud de la Vida
Detengamos un momento para reflexionar sobre el sentido de la Semana Santa para quienes profesamos la fe cristiana.
Mucha gente acentúa la pasión y la muerte en sus devociones. El Viernes Santo ha venido a ser el día central de los devociones populares. Esta tendencia a la pasión deja en un segundo plano la celebración de la vigilia pascual y la resurrección de Jesucristo. Con frecuencia, tendemos a ser más cristianos de viernes santo, y mucho menos cristianos que testimoniamos la vida que triunfa sobre la muerte.
La Semana Santa es en efecto la memoria de la pasión y muerte de Jesucristo. Pero es una memoria que tiene un rumbo muy definido: el triunfo de Dios sobre la muerte, y por ello, la liturgia de la Semana Santa culmina con el domingo de Pascua, precedido por la imponente liturgia de la Vigilia Pascual, en la cual se testimonia el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la persona nueva sobre la persona vieja, de la Vida sobre todos los signos de muerte.
Los cristianos confesamos a Jesús Hijo de Dios que nació pobre, creció en edad, sabiduría y en gracia de Dios, predicó el Reino de Dios, fue capturado y condenado a muerte de cruz por los romanos confabulados con las autoridades políticas y religiosas judías, murió con terribles gritos de dolor y de desesperación, fue enterrado, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
Esta confesión es la que celebramos en la liturgia de la Semana Santa. Es una liturgia que quiere ayudarnos a descubrir en el mundo de los pobres de hoy a los cristos crucificados, y la Semana Santa debía ser entonces un momento muy especial para que la Iglesia renueve su compromiso de luchar para bajar de la cruz a los pobres que hoy son crucificados, como un día lo dijo Ignacio Ellacuría quien pagó con su vida su compromiso de fe y justicia. Este tiempo es una oportunidad para luchar por un mundo en donde toda la gente, en lugar de experimentar sufrimientos y muertes injustas, experimente la solidaridad y la justicia compartida de un pueblo que ha construido un mundo que experimenta la presencia de Jesucristo resucitado.
Desde hace doce años, el papa Francisco ha sido una esperanza para la Iglesia entera, y en este tiempo ha dejado tres claves para comprender su servicio: primera clave: una Iglesia que predica en pobreza y defiende la causa de los pobres; segunda clave: una Iglesia que defiende el medio ambiente y la naturaleza en tanto nuestra Casa Común; tercera clave: una Iglesia que promueve la paz en el mundo. Si estas tres claves las seguimos, sin duda estaremos en el camino de Jesús quien, hundiéndose en las tinieblas oscuras de la crucifixión y la muerte, emergió con toda su alegría para compartir su nueva Vida que es garantía del triunfo y resurrección de los pueblos crucificados de la tierra.

Escuchar y descargar Nuestra Palabra