
El Mundial United 2026 va camino a romper todos los records habidos y por haber. De entrada, ya es histórico al ser el más grande con la participación de 48 selecciones y además es el primero que se celebra en tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Solo el Mundial de 2002 fue celebrado por dos países: Corea del Sur y Japón.
Además, va camino a romper los records de asistencia a los estadios, también los records de aficionados que lo siguen en el mundo por las distintas plataformas. Pero también es el mundial más caro de la historia y es el que más dinero recaudará. Y como arma política, cada vez tiene más impacto en la dosificación de las masas.
Arma poderosa
Cada cuatro año se celebran los mundiales de fútbol. Para que un país pueda ser designado como organizador, debe tener mucha influencia entre los países y además mover mucho dinero de por medio y bajo la mesa. Ya hay casos que ejemplifican esta práctica, y uno de ellos es el más grande escándalo de corrupción que ha tenido la Federación Internacional de Fútbol Asociado, la rectora del fútbol mundial: el llamado Fifa Gate.
Los Mundiales son más que fútbol, se han convertido en poderosos instrumentos de geopolítica, diplomacia y poder. Y uno de esos impactos políticos se da por medio de la Propaganda que busca dar legitimidad a regímenes políticos. Los Estados han utilizado el mundial para proyectar poder y legitimidad. Sirve también para la propaganda del Estado mismo.

Un ejemplo es el Mundial de Italia en 1934 que fue utilizado por el fascismo con el dictador Benito Amilcare Andrea Mussolini. El fascista italiano no sabía nada de fútbol, pero vio la oportunidad de ganar adeptos organizando una cita mundialista para los apasionados del fútbol, un deporte que nació, tal y como lo conocemos, en Inglaterra en 1863, y que rápidamente se popularizó ganando a muchos seguidores en Europa y en el mundo.
Otro ejemplo es Argentina que en 1978 organizó el Mundial en medio de la dictadura militar que en 1976 derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón, y se impuso el gobierno sangriento de Jorge Rafael Videla. Argentina se coronó Campeón del mundo. El torneo le sirvió a la dictadura para limpiar su imagen internacional. Los mundiales de fútbol han servido para distraer a los ciudadanos con el fin de que olviden sus demandas sociales. Un claro ejemplo fue la organización del Mundial de Francia 1998. El entonces presidente Jacques Chirac enfrentaba una baja popularidad y un descontento social que se expresaba en tensiones sociales, huelgas y división política en Francia. Y el fútbol logró apagar el fuego ciudadano. Francia se coronó campeón por primera vez en los mundiales y eso sirvió como un alivio político providencial para Jacques Chirac. El triunfo transformó masivamente su imagen pública, impulsando de forma repentina su popularidad y hasta aceptación social.
Imagen de poder

Los mundiales han servido para que algunos países, y no necesariamente futboleros, se posicionen como potencias emergentes. Y un claro ejemplo es el Mundial que se celebró en Rusia en 2018. Otro claro ejemplo fue el mundial de Qatar en 2022. Estos países utilizaron la Copa del Mundo para posicionarse como potencias influyentes y modernas en el escenario global.
Rusia y Qatar poseen economías basadas en la exportación de hidrocarburos. Y su crecimiento, en los últimos años, ha sido brutal. Y sus gobernantes como también sus ricos empresarios han entendido que una forma de hacerse presente de manera positiva ante el mundo es el fútbol, que, dicho sea de paso, también es el vehículo que los lleva a realizar grandes negocios que les dejan jugosas ganancias.

Los países asiáticos con mayor poder económico utilizan su dinero para comprar a grandes equipos de fútbol. Los grupos empresariales de Asia, principalmente de China, poseen participaciones o controlan total o parcialmente varios clubes de fútbol como por ejemplo Real Club Deportivo Espanyol de España, el Inter de Milán de Italia y el City Football Group de Inglaterra. Además, inversores de Oriente Medio controlan gigantes como el Manchester City de Inglaterra y el Paris Saint-Germain de Francia.
El gran poder de FIFA
La Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA, es el organismo rector del fútbol a nivel mundial. Fue fundada en 1904 y tiene su sede en Zúrich, Suiza. Se encarga de dirigir las federaciones nacionales, establecer las directrices del deporte y organizar los principales torneos internacionales, destacando la Copa Mundial de Fútbol.
A lo largo de los años, la FIFA ha adquirido un poder descomunal en el manejo del fútbol, y sobre todo la organización de los mundiales de fútbol que se celebran cada 4 años. Tanto es el poder que tiene FIFA que hace fuertes imposiciones a los países organizadores de los mundiales. Se impone en sus decisiones internas, en su economía y en su legislación interna. Por eso algunos expertos señalan que la organización del torneo altera la soberanía y economía de los países anfitriones.

Además de comprar el derecho de ser sedes, por medio de pagos de coimas o sobornos y hasta favores políticos, algunas veces incluye apoyo militar para alimentar las guerras, los países organizadores deben hacer modificaciones en sus leyes, y hasta en sus costumbres, para cumplir con las estrictas demandas de FIFA que no invierte un centavo en la organización del evento mundial, y si lo hace es muy insignificante.
Como ejemplo, los países que organizan los mundiales deben hacer cambios regulatorios en visados para ponerlos a tono con lo que la FIFA manda. Así como el comercio o ventas de comida dentro de los estadios o la venta misma de los productos que identifican al mundial, son exclusivos de la FIFA. Así como la venta de los derechos de televisión y radio para la transmisión, venta de boletos y todos los arreglos publicitarios con todas las grandes marcas del mundo.
Y los gobiernos únicamente ven el torneo como una oportunidad invaluable para promover su imagen, aunque públicamente justifican que se hace para el desarrollo del turismo, para incentivar la inversión extranjera y para invertir fuertemente en obras de infraestructura pública, incluido estadios, aunque la mayoría son manejados por la empresa privada. Lo que sí logran, tanto FIFA como los gobiernos anfitriones, es que, con el Mundial de Fútbol, generan un fuerte sentido de pertenencia nacional, se desata el sentimiento patriótico. Las banderas, himnos y triunfos elevan la moral ciudadana, ofreciendo a los gobiernos un impulso temporal en la popularidad. Pero es un distractor masivo utilizado por las élites políticas para desviar la atención pública de crisis internas, escándalos de corrupción o problemas socioeconómicos.
Un incómodo organizador

De los tres países organizadores del Mundial United 2026, Estados Unidos ha sido el país de las polémicas por sus decisiones racistas lideradas por su presidente Donald Trump. Y el fútbol no se escapó.
Los ambientes previos a la realización del mundial ya estaban cargados de mucha tensión. FIFA, con su presidente Gianni Infantino, evitó a toda costa llevarle la contraria a uno de los hombres más poderosos políticamente hablando.
En 2016, Infantino recibió el apoyo de Estados Unidos para llegar a la Presidencia de la FIFA tras el escándalo de corrupción llamado FIFA Gate. Algunos señalan que Infantino fue impuesto por Estados Unidos al frente del ente rector del futbol mundial, después de que la nación norteamericana destapara el FIFA Gate.
Estados Unidos brindó tratos diferentes a las selecciones de fútbol. Algunas tuvieron fuerte restricciones para ingresar a suelo norteamericano, largos y sospechoso interrogatorios y extremas medidas de control migratorio.
Las selecciones de Irán, Irak, Senegal, Costa de Marfil, y Haití lidiaron con demoras en aeropuertos, se les entregó visas especiales con pagos de fianzas, además de una estricta vigilancia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE.
Estos países enfrentan, lo que los gringos llaman, vetos migratorios. Irán tuvo que establecer su campamento base en México. Para disputar sus partidos en territorio estadounidense, el equipo debió entrar y salir del país para cada encuentro y denunció múltiples trabas operativas. Infantino se limitó a decir que cada país define sus controles de ingreso y que FIFA no puede ni sugerir tratos iguales para todas las delegaciones.
Más control, más ganancias
El Mundial United 2026 está considerado como el más caro de la historia. Los precios de las entradas, administradas por FIFA, están por las nubes. Un mundial al que no puede asistir cualquier mortal, aun así, los estadios han lucido abarrotados de aficionados de todo el mundo que viajaron pese a las restricciones del gobierno de Estados Unidos.
Sin terminarse los partidos de los dieciseisavos de final, la Copa del Mundo 2026 ya registra una asistencia acumulada de más de cinco millones de aficionados en los estadios de México, Estados Unidos y Canadá. Esta cifra rompió el récord absoluto en la historia del torneo, superando la marca anterior de 3,587,538 espectadores establecida en Estados Unidos 1994.
Este logro histórico se ha visto impulsado por la expansión del torneo a 48 selecciones y 104 partidos, registrando una media de más de 64,000 espectadores por encuentro y una ocupación en los estadios cercana al 100%.

El control de la FIFA es tanto que los partidos se podrán ver sólo en sitios autorizados. Por esta razón, ningún negocio puede convocar a sus clientes a ver los partidos en sus establecimientos porque para FIFA esa será una actividad con fines lucrativos y sus dueños se exponen a posibles demandas. FIFA prohíbe la utilización de su imagen sin previa autorización, autorización que conlleva pagar por utilizarlos.
Especialistas estiman que el Mundial 2026 será la competencia más lucrativa de la historia del deporte. Un análisis de la Organización Mundial del Comercio indica que esta Copa del Mundo generará 80 mil 100 millones de dólares en producción bruta, incluyendo 30 mil 500 millones en Estados Unidos.
La venta de los derechos televisivos mundiales es la principal fuente de ingresos de la FIFA, y se prevé que los ingresos procedentes de los acuerdos de retransmisión aumenten con respecto a los 3.400 millones de Qatar y los 3.100 millones de Rusia.
Infantino y su negocio
La FIFA pide a los países organizadores del mundial, entregar estadios limpios, es decir sin la presencia de ninguna marca comercial. Durante el mundial, los estadios pasan a ser propiedad de la FIFA, y su presidente Gianni Infantino controla todo, desde la venta de las comidas y bebidas, pasando por la venta de los boletos y venta de la publicidad al interior y en los alrededores de los recintos deportivos.

El presidente de la FIFA Gianni Infantino asumió el cargo en febrero de 2016 y fue reelegido en marzo de 2023 para un mandato que se extiende hasta el 2027. Y todo parece indicar que será reelecto una vez más, sobre todo por los éxitos económicos que está teniendo con el actual mundial.
Y Estados Unidos es el más interesado en su continuidad, sobre todo porque está interesado en volver a organizar otro mundial que sería el de 2038. El próximo mundial, el de 2030, será una edición histórica de celebración por el centenario del torneo, y será organizado principalmente por España, Marruecos y Portugal. Como homenaje a la primera Copa del Mundo celebrada en 1930, los partidos inaugurales se jugarán en Uruguay, Argentina y Paraguay.
La Copa Mundial de la FIFA 2034 será organizada únicamente por Arabia Saudita. La designación fue ratificada formalmente por la FIFA, luego de que el país asiático presentara una propuesta técnica sobresaliente y quedara como el único candidato oficial para albergar este evento.