Miércoles, 15 octubre 2025  

Carlos Escaleras y la savia de la rebeldía

Las raíces de la rebeldía y la lucha por la recuperación de los territorios y de los bienes comunes tiene rostros indígenas, negros, campesinos y de todas las identidades. Esta rebeldía comenzó desde hace más de 500 años en contra del despojo y la violencia en un período oscuro de conquista y colonialismo.

Carlos Escaleras es un eslabón de la larga cadena de solidaridad en esta gran lucha no en contra de las carabelas, sino en contra de las corporaciones, de los políticos corruptos y las redes de criminalidad que desde hace muchos años han pretendido contaminar los ríos Guapinol y San Pedro en nombre del desarrollo y el progreso, a expensas de los daños a las comunidades y de nuestra casa común.

Carlos Escaleras defendía la vida, el agua, el medio ambiente; denunció la ambición que enferma la tierra y empobrece a la gente. Su voz profética incomodó a los poderosos. Por eso lo asesinaron.

Hoy Carlos Escaleras se multiplica en cada corazón palpitante que se compromete para proteger al medio ambiente y que se opone a la explotación minera, a la destrucción de los bosques, a la contaminación de los ríos y del aire. Carlos Escaleras está en cada rostro que defiende la soberanía alimentaria de la familia empobrecida de nuestro pueblo.

La lógica depredadora sigue imparable junto con la criminalización de los defensores del Parque Nacional de Reserva que hoy lleva el nombre de Carlos Escaleras. Sin embargo, la lucha se fortalece, ¿Qué sentido tiene acumular, crecer económicamente, destruyendo nuestros bienes naturales y persiguiendo a nuestra gente?

La memoria de Carlos Escaleras y de tantos mártires de la tierra no son historias de museo, es una semilla que se ha plantado para reproducir la vida y vida en abundancia de nuestro pueblo.

La sangre de Carlos Escaleras y de nuestros mártires nos comprometen para fortalecer las organizaciones y comunidades que hoy están en primera línea defendiendo los ríos, los bosques, la tierra y el aire. Es su savia que nutre las juntas de agua, nuestros patronatos y nuestros espacios comunitarios. Y por honrar su memoria, exigimos al Estado de Honduras que proteja a los defensores ambientales y no a las empresas que destruyen nuestra casa común.

La rebeldía no es para crear caos y anarquía, es para construir un país diferente. Una Honduras en dónde el agua valga más que el oro y en dónde la vida de las comunidades sea el proyecto común que nos una en el único hogar que todos tenemos que no es otro que nuestra casa común.

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