

Cortinas de humo: la violencia como estrategia política
El contexto electoral conducido por las élites de los partidos políticos, es generador de violencia y alimenta discursos agresivos que hacen aparecer a los contrincantes como enemigos a aniquilar y desaparecer. La atmósfera es tóxica y asfixia.
Cuando se advierte que entre los líderes de las élites políticas existen lazos sanguíneos, acciones en los mismos negocios y hasta en los mismos equipos de fútbol, entonces hay derecho a sospechar que lo de los pleitos politiqueros son más apariencias que realidades, y que, a fin de cuentas, ese pleito que parece mortal, tiene de fondo unos pactos de sangre que se expresan, por ejemplo, en que no venga la CICIH y en asegurar elecciones con repartos de cuotas de poder.
Así va la política en nuestro país. La política electoral se convierte en cortina de humo de los grupos de poder para evitar afrontar y rendir cuentas sobre los problemas estructurales del país, lo que se traduce en una huida hacia las próximas elecciones generales del mes de noviembre. Eso es lo que se llama pacto de impunidad.
No es así para la gente. De acuerdo al Sondeo del ERIC, la gente quiere que haya elecciones, y lo hace pensando en depositar el voto para que el nuevo gobierno que se elija aborde los numerosos problemas pendientes y las necesidades que a la gente le aquejan.
Los pleitos politiqueros nos buscan meter en una burbuja que nos distrae de los graves problemas nacionales. Y esta distracción se canaliza a través de las matrices mediáticas. Por eso, un ejercicio de reflexión y de lectura crítica de los noticieros y de las redes sociales sería responder a la pregunta siguiente: ¿Qué noticia importante sobre la corrupción, la economía, los derechos humanos o la migración forzada, no estoy viendo por culpa de estos conflictos o escándalos en la palestra política? ¿A quién beneficia este caos?
El ruido y las cortinas de humo tapan las tragedias humanas. Mientras el fanatismo político entretiene a la población, se hacen pactos y se negocia en el Congreso Nacional a espaldas del pueblo, y también, sin mucho ruido, se continúa con las antiguas prácticas autoritarias en las instituciones.
A falta de ideas y propuestas serias, crece el chisme, el insulto, el descrédito y la violencia política. Obviamente, la violencia genera miedo inducido para paralizarnos y recluirnos en mi mundo personal o individualista estableciendo una franca distancia de la vida pública.
Salir de esa atmósfera tóxica es condición para situarnos con responsabilidad ante el proceso electoral que nos conduzca a elecciones sanas el último domingo de noviembre. Frente a la violencia inducida, responsabilidad ciudadana.

Escuchar y descargar Nuestra Palabra