

Trump: la gran estafa
No hablamos de la saga hollywoodense, “La gran estafa”, donde un carismático criminal recluta a un equipo de expertos ladrones para llevar a cabo un gran asalto en Las Vegas. Le hablaremos de una historia más reciente, con el mismo drama, solo que las víctimas son el Estado y la sociedad estadunidense. Una historia donde es muy tenue el límite entre la ficción y la realidad.
Como buen “encantador de serpientes” Trump le hizo creer a la gente blanca más pobre que el problema de los Estados Unidos eran los migrantes, alimentó una campaña de odio contra ellos, los presentó como gente peligrosa, los convirtió en la principal amenaza para las familias.
Al mismo tiempo les aseguró que iba a hacer grande a Estados Unidos de nuevo, con este cuento se echó a la bolsa a pequeños empresarios y hasta latinos nacionalizados quienes en su afán de mejorar la situación económica lo respaldaron con el voto. En estos meses se dieron cuenta que solo utilizó a los pobres para llegar al poder, porque sus acciones económicas están encaminadas a favorecer a la población más rica.
Cuatro meses de bufonería arancelaria se ha desinflado, dijo que iba a obligar a todos los países a que se sometiera a las reglas de Estados Unidos, y no le ha quedado otro camino que reconocer no puede echarse de enemigo a las economías del mundo con esa guerra comercial, porque solo profundizará la crisis económica de su país.
Cuatro meses después parece que la anestesia se acabó, abrieron los ojos y se dieron cuenta que los estafaron. Que ni los migrantes eran criminales, que rubros importantes de la economía como la construcción, hotelería, agricultura y limpieza no funcionan sin los migrantes. En decir, no se puede hacer grande a Estados Unidos sin la mano de obra de los migrantes.
La población estafada está en las calles, los latinos han sacado su rebeldía ancestral para exigir que se respeten los derechos de los migrantes. Poco a poco se va abriendo camino y como dice Lila Downs, “el amor es más grande, es más fuerte que el odio”.

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