Lunes, 16 junio 2025  

La gente que hoy necesita nuestro país, y que tanta falta hace

La gente que nuestro país necesita es la que no se traga así nomás lo que ve, escucha o lee en los medios de comunicación, sean privados u oficiales ni en las redes sociales; la que sospecha de los hermosos análisis cargados de optimismos y de las publicidades oficiales con tan poco sustento. La gente que necesita nuestro país es la que se esfuerza en tener una opinión propia y crítica. Y sabe escuchar y respetar las opiniones diversas y distintas a las suyas.

De esa gente todavía hay poca. Todavía abunda la gente que se conforma con migajas de la gente de poder, sean políticos, comerciantes, empresarios o religiosos con ofertas salvíficas superficiales. Todavía abunda la gente que se queda paralizada y embelesada ante los problemas y dificultades, y solo abre los ojos para ver si le van a regalar cosas o le solucionarán sus necesidades. Abunda la gente que se va detrás de la politiquería con tal de sacar una tajadita.

Todavía abunda gente que ni siquiera entiende que tiene derechos por los cuales movilizarse y defender, la que todavía tiene una conciencia tan baja que no alcanza a comprender que si recibe sin esfuerzo nunca tendrá igual valor que lo que se alcanza como resultado de una lucha tenaz y sacrificada.

La gente que necesita nuestro país es la que abre sus ojos para descubrirse en comunidad activa y en movimiento con mucha más gente, a la que experimenta como hermanos y hermanos y compañeros de camino. La gente que se descubre en camino para luchar por una institucionalidad que garantice y asegure los derechos de toda la sociedad, y la que lucha en contra de los caudillos que sustituyen a las leyes y a sus instituciones.

Penosamente, la que todavía abunda es la gente, incluso con altos niveles académicos, que sigue sin criterio propio lo que dice u ordena un caudillo o van detrás de la consigna. Todavía abunda la gente aduladora, obediente, servil con los de arriba e implacable con los de abajo. La gente que necesitamos es la que se despierta en dignidad, y de pronto descubre que tras las demagogias y posibles populismos y asistencialismos suele encubrirse una antigua y demoledora estructura de opresión.

De esa gente todavía hay poca, y cuánta falta hace, y la mayor y más valiosa inversión es en aumentar la formación que impacte en la conciencia para que la gente que abunde sea justamente la que necesita la sociedad para impulsar sus transformaciones. De esa gente necesitamos en nuestro país, de la que alcanza conciencia de pueblo, que toma conciencia de oprimida, identifica a sus hermanos y hermanas también como oprimidos, y por igual identifica quienes les oprimen, y se juntan para poner en marcha proceso liberadores para toda la sociedad.

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