

Sociedad taimada
Lo cierto es que los analistas, investigadores, académicos y experto no conocemos al pueblo hondureño. Un pueblo taimado que siempre nos acaba dando sorpresas, y nos sale al paso cuando no lo esperamos y de donde nadie lo podía esperar.
Los caudillos sí parecen entenderlo, porque son modelo de persona taimada, entendiendo este término, de acuerdo a la Real Academia Española, como persona astuta, disimulada y hábil para ocultar sus intenciones o engañar a los demás. Es un zorro sagaz, una persona que hace las cosas de manera asolapada, dice una cosa y hace otra, con doble fachada, como una manera de sobrevivir.
Honduras se ha ido configurando como una tierra de caudillos que saben engañar con su apariencia de bonachones para sacar ventajas en la relación con los demás. Propio del caudillo es ser obediente y dócil ante los que están arriba de él, y a la vez implacable con quienes están abajo y no le obedecen, y bonachón y paternalista con quienes están abajo y le obedecen.
La gente sencilla, en medio de sus carencias, ha sabido vivir bajo la sombra taimada del caudillo. Mientras el caudillo es taimado para sacar ventajas y acumular poder para dominar a los demás, la gente sencilla acaba siendo taimada para darle la vuelta al caudillo. Ambos se engañan, y lo saben. El caudillo sabe que la gente le dice sí o le dice no cuando le conviene, aunque en los hechos acabe haciendo lo que le da la gana.
Esta reflexión la hacemos a propósito del victorioso retorno del ex convicto, Juan Orlando Hernández. Miles de personas fueron movilizadas, unas por decisión propia, la mayoría para quedar bien con sus caudillos. Todos lo saben; Juan Orlando Hernández fue acusado y condenado por la justicia de Estados Unidos por su compromiso directo con el narcotráfico. Todos lo saben, y no pocos de los que fueron estuvieron contentos cuando lo vieron encadenado. Pero igualmente saben que se trata de un gran caudillo, que hoy regresa triunfador y vengador, y ante ese poder que se impone, mejor mostrar un rostro de alegría.
Ser narcotraficante o corrupto o criminal, no es lo más importante para una sociedad taimada. Lo que importa es cuánto poder se tiene. Hoy se sabe que los cachurecos están en el poder, y conviene amoldarse a ese poder para sobrevivir. Mañana podrá estar otro gobierno, y mucha de la misma gente y mucha otra saldrá con bandera diferente a vitorear al caudillo cuando haya necesidad. Todo por sobrevivir.
Aunque hay gente humilde que lo hace por convicción, aunque esté distorsionada, mucha gente se engaña, engañando. Los caudillos engañan y la gente también los engaña. En el fondo nadie sabe con qué saldrá la gente, con tal de sobrevivir. Somos una sociedad taimada.

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