La historia los hizo coincidir en un tiempo preciso. Los dos nacieron en Honduras, uno se consideraba indio indómito de Gracias, otro mostraba con orgullo su origen chortí. Uno usó su origen para argumentar su demagogia populista, otro se dedicó a formarse para defender a su pueblo de origen indígena y campesino, pero por igual a los garífunas, estudiantes, obreros, pobladores, mujeres y niños en situación de amenaza y vulnerabilidad.
Uno se trepó en las alturas de la política para hacer negocios, ya no solo legales, sino sobre todo ilegales y criminales, mientras que otro se abajó, como el hijo de Dios quien se anonadó para hacerse igual a la gente más humillada para defender sus derechos y denunciar los abusos del poder.
Uno, Juan Orlando Hernández, se hizo experto y maestro del narcotráfico, y convirtió el Estado de Honduras en una institucionalidad para delinquir, mientras que al otro lo llamaron maestro del amor y de la entrega. Uno se hincó ante la Virgen de Suyapa, rodeado de pilatos y Herodes; el otro se hincó ante su pueblo para servirlo hasta las últimas consecuencias desde su fe en el Señor Jesucristo.
Los dos se llaman Juan. Uno, Juan el bandido narcotraficante, el otro Juan el discípulo amado de los pueblos. Uno, condenado por narco y criminal, otro condenado por defender el agua, los ríos y la montaña de reserva Botaderos, bajo la explotación ilegal por parte de Inversiones Los Pinares/Ecotek propiedad de Lenir Pérez quien se salta todos los tribunales para salir airoso de todas las acusaciones en base a sobornos y regalías.
Hoy a Juan Orlando Hernández lo indultó Trump y la justicia de Estados Unidos lo absolvió de todas las acusaciones. Hoy Juan López ha sido declarado por su gente como mártir del pueblo, asesinado por su amor y entrega. Así va la vida con estos dos juanes en una historia de polarizaciones e injusticias de un sistema que aplasta a los luchadores y ensalza a criminales.
Recogemos un breve escrito del propio Jun López, para que por sus palabras escuchemos la voz del Espíritu Santo. Y así dice Juan textualmente: “La historia nos pone las cosas en la mesa, los gobiernos de nuestro país siempre viajaron a Washington antes de asumir la dirección del Estado, consultaron y decidieron siguiendo las instrucciones del gobierno de los Estados Unidos, lo que resulta en el nombramiento de Fiscal General y Adjunto, en el pleno de magistrados de la Corte Suprema. Son tan enormes los intereses económicos y militares estadounidenses que se aseguraron siempre que los partidos Nacional y Liberal cumplieran y aseguraran sus intereses. Las distintas fiscalías del Ministerio Publico y las distintas salas de la Corte han orbitado en la línea de la dominación imperial. Al fin, somos un país que ha sido arrastrado por la administración de Estados Unidos”.
Y como si sus palabras escritas en 2022 hubiesen sido escritas en estos días de 2026, y de nuevo lo leemos textualmente: “Estados Unidos nos acaba de dar un mensaje muy claro. Su relación con los grupos explotadores de esta tierra hizo florecer el narcotráfico, hasta lograr que colocaran el Estado bajo su dominio, gobernaron Honduras a través de tales estructuras. Quien sabe cuántos Municipios están aún amarrados y atados al carro de esa fuerza destructiva. La condena contra Tony Hernández es absoluta, sin embargo, la condena contra el superior en orden jerárquico de Tony, JOH, es muy bien calculada. Las dinastías hondureñas proclives a los intereses de Estados Unidos tendrán su benevolencia”.