

En la profundidad de Copán
En la zona montañosa del municipio de San Pedro, Copán, justo enfrente de Lempira, en las hermosas montañas de Celaque, se desparraman muy dueñas de su dignidad y trabajo, decenas de comunidades, con familias nativas dedicadas todas ellas al cultivo, producción y comercialización del café.
En esas zonas el café depende de la capacidad de cada una de las familias. Ellas son dueñas de la tierra y también de la riqueza que producen. El café no depende de latifundistas, de una producción y comercialización cuyas ganancias se queda en pocas personas. Hay una producción familiar y una apropiación familiar de las ganancias. Es algo parecido a la democratización de la economía.
Radio Progreso se hizo presente en una de las comunidades para sondear la solidaridad de las familias para con otras familias afectadas de otras zonas. Y la respuesta ha sido impresionante. Muy dueñas de su fe en el Señor, las familias sin pestañear dijeron: así como hemos recibido la bendición de Dios para tener nuestros cultivos que nos permite vivir dignamente, así también tenemos nuestro corazón abierto para atender necesidades de otros pueblos.
Conversando con el párroco de esa zona, nos compartía que la dimensión social de esas comunidades se expresa en la atención solidaria a enfermos, niños, atención a ancianos y la visita solidaria a los centros penitenciarios. Junto al café, esas propiedades reverdecen de plátanos, piñas, árboles frutales, izotes, pacayas, y muchos otros productos de la tierra que no solo se quedan en los hogares, ni se venden, sino que se comparten con la alegría de comprender que la fe se ha de expresar en su dimensión social. Así compartía el párroco su testimonio con Radio Progreso.
Los desastres del país que se expresan en estos días con más datos de corrupción, de la utilización de puestos públicos para ejercer corrupción patrimonial, el blindaje de políticos para impedir que se instale la CICIH, la cancelación del TPS, quedan opacados con estas otras expresiones de la Honduras de la profundidad de las montañas de Copán. Aquí se respiran aires solidarios y de fuerza soberana de familias que no están atrapadas por las dinámicas destructoras de la institucionalidad corroída por la lógica del sálvese quien pueda. De Copán no vienen solo funcionarios que usan cheques y dineros públicos para hacer campaña. También viene los aires solidarios de su gente.
La Honduras nuestra, la amada y soñada, no es solo la que vemos, vivimos y nos atrapa en los medios de comunicación y las redes sociales. No es solo el Congreso Nacional, ni solo los partidos políticos y sus campañas frecuentemente sucias. La Honduras nuestra, la amada y soñada es la que se vive, respira y se comparte en comunidades que, muy dueñas de su dignidad, se yerguen con sus decisiones en estas todavía azules y frescas montañas hondureñas de occidente.

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