La versión original de este artículo fue publicada en America Magazine, una revista de la Compañía de Jesús en Estados Unidos.
Por Dany Díaz Mejía

La comunidad de Brisas de Tramade está a 30 minutos en carro de Puerto Cortés, el puerto marítimo más importante de Honduras. Se puede llegar por la CA-5, la carretera principal entre San Pedro Sula y Puerto Cortés, pero no hay señales claras para el desvío. En su lugar, hay que estar atento a los letreros de un aserradero propiedad de Tramade, una empresa maderera centroamericana.
Don Francisco Rivera, un líder comunitario, dijo a esta publicación, Revista América, que la aldea originalmente se llamaba Brisas del Mar, pero a medida que el aserradero se expandió, pasó a conocerse como Brisas de Tramade, un reflejo, según él, de cómo las industrias extractivas como los aserraderos y las minas han llegado a definir la vida en la región.
Brisas de Tramade fue noticia nacional en Honduras en mayo de este 2025, después de que varios miembros de la comunidad bloquearan la entrada a una mina de piedra caliza propiedad de Agrecasa, una subsidiaria de American Aggregates LLC, un conglomerado minero estadounidense, según un informe de 2017 de la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas. Lo que comenzó como un bloqueo temporal se convirtió en el Campamento Digno René Alemán que ha estado activo las 24 horas desde entonces. La Revista América viajó a Brisas de Tramade para conocer más sobre las demandas de la comunidad.
Según un análisis de documentos gubernamentales realizado por el Centro de Estudios para la Democracia (Cespad), un centro de pensamiento que monitorea conflictos ambientales en Honduras, la licencia ambiental de Agrecasa para operar la mina, que extrae piedra caliza para exportación a Estados Unidos, expiró en mayo de 2024. Pero Pablo Sánchez, líder comunitario y de la iglesia local, dijo que la mina de Agrecasa continuó operando, al menos hasta que comenzó el bloqueo.
“Al principio, la empresa decía que solo estaba transportando material ya extraído”, dijo Sánchez. “Pero cuando los camiones cargados seguían saliendo semanas después, supimos que la mina seguía activa”. En respuesta, miembros de la comunidad marcharon al sitio, bloqueando la carretera principal hacia el puerto. La policía local reprimió violentamente la protesta, y varios manifestantes resultaron heridos.
“En 2024, estábamos exigiendo pacíficamente el cierre definitivo de la mina. Pero la policía llegó con cientos de agentes y comenzó a golpearnos”, recordó Sánchez. “Golpearon tan fuerte a uno de mis vecinos ancianos que pensé que se iba a morir”.
En respuesta al conflicto, el gobierno anunció una comisión interinstitucional para evaluar el impacto ambiental de la mina de Agrecasa y emitir una recomendación sobre la renovación de su licencia.
El informe de la Secretaría de Salud de Honduras sobre las condiciones de la comunidad, analizado por Cespad y compartido con la Revista América, documentó casos de pérdida auditiva, afecciones cutáneas, enfermedades respiratorias y trastornos de salud mental como ansiedad relacionados con la mina. La mina se encuentra entre varias comunidades y sus desechos y drenaje están afectando directamente los recursos hídricos locales, lo que según el informe, “la hace incompatible con la salud pública en las comunidades afectadas”. La Secretaría concluye que no se debe permitirse que la mina opere tan cerca de zonas residenciales.
Otra agencia gubernamental informó que el uso de ANFO (nitrato de amonio y combustible) en la mina provocó concentraciones elevadas de gases tóxicos, comprometiendo la calidad del aire. El informe también vincula las operaciones mineras con una contaminación acústica excesiva y daños estructurales significativos en viviendas cercanas debido a las explosiones repetidas. Las pozas de retención destinadas a contener aguas residuales y sedimentos del proceso de minería a cielo abierto son permeables, y el escurrimiento tóxico se filtra al río Sapadril durante la temporada de lluvias.
La decisión final por parte del gobierno aún estaba pendiente en abril, pero Agrecasa anunció que planeaba reanudar operaciones, argumentando que, según su interpretación de la ley hondureña, una empresa puede seguir operando mientras no haya una denegación explícita del permiso por parte del gobierno.
Los líderes comunitarios rechazaron esta interpretación y lanzaron un bloqueo permanente de camiones hacia la mina.
“Contaminaron la quebrada Sapadril, la quebrada Tramade y el río Medina”, dijo Sánchez. “¿Se imagina cuánta contaminación puede haber después de casi 20 años de verter desechos directamente al agua?” Calificó al ANFO como “un explosivo muy potente y altamente contaminante”. La gente en la comunidad, dijo, “se enferma por beber el agua y por los químicos liberados al aire. Se ven muchos niños con reacciones en la piel”.

Un campamento diverso
Doña Dilcia Madrid suele acudir al campamento por las noches junto a su esposo, Don Francisco Rivera, quien lidera la junta de agua de la comunidad. Ella valora cómo el campamento ha unido a personas de todas las iglesias de la comunidad para cantar y orar. Los adolescentes de Brisas de Tramade también participan, jugando cartas o escuchando música, quedándose hasta tarde en las noches escolares antes de regresar a casa.
Simpatizantes de varias parroquias católicas de aldeas cercanas han visitado el campamento y llevado alimentos a los manifestantes. Su iglesia evangélica protestante ha organizado jornadas de oración.
Monseñor Jenry Ruiz, el obispo que lidera la Diócesis de Trujillo en el norte de Honduras—una región que también enfrenta conflictos por el cuidado de la creación—envió un video expresando su solidaridad con los miembros de la comunidad en el campamento, recordando a los fieles y a las personas de buena voluntad que la vida debe estar por encima del dinero.
Doña Dilcia valora la diversidad de personas que se han unido para luchar por el medio ambiente. “Tenemos católicos, evangélicos y de todo. No ha sido fácil, especialmente quedarnos aquí por las noches. Pero nuestra agua se está secando y la gente se está enfermando. Y no se puede vivir sin agua, aunque se tenga trabajo en la mina por un tiempo”.
“Dios ha sido misericordioso con nosotros. Esta lucha no es solo de los católicos o los evangélicos, es de todos”.
“A veces tengo miedo”, añadió. “Pero decir la verdad no es pecado. Vivimos aquí y sabemos por lo que hemos pasado. Como cristianos, sin importar a qué iglesia vayamos, tenemos que unirnos y luchar por nuestra comunidad”.
“He dejado de lavarme el pelo tan seguido porque se me empezó a caer por lo contaminada que está el agua. Sé que les está pasando a otras amigas también. Tenemos que seguir alzando la voz, juntos”, dijo.
Ella y su esposo viven justo frente a la mina. Le contó a la Revista América que las operaciones de la mina normalmente funcionaban día y noche. Las explosiones y vibraciones constantes están agrietando las paredes de su casa. Gracias al bloqueo comunitario, su familia ha podido dormir bien por las noches, sin ruido, por primera vez en muchos meses. Quieren que siga así.
“No queremos la mina en la comunidad”, dijo, y agregó que la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, “podría ayudarnos” cerrando la mina. “Me preocupan los niños. ¿Qué les estamos dejando?”, dijo.“No podemos abandonar este campamento hasta que la mina se cierre. No quiero que la próxima generación sea pobre y que además esté enferma.”
Más de 90 días en resistencia
El bloqueo alcanzó los 90 días de resistencia continua el pasado 21 de julio. Ese hito es especialmente significativo en Honduras, el país más letal del mundo para los defensores del medio ambiente en 2023, según la investigación Missing Voices de Global Witness.
En septiembre pasado, Juan López, un destacado líder eclesial y activista ambiental hondureño, fue asesinado tras denunciar el crimen organizado y los proyectos mineros en Tocoa, una ciudad en la diócesis del obispo Ruiz. Casi nueve meses después de su asesinato, un tribunal en San Pedro Sula ordenó posponer hasta agosto la audiencia preliminar de los tres hombres sospechosos del crimen, lo que generó dudas sobre la investigación.
Según el Padre Ismael “Melo” Moreno, S.J. solo la presión pública constante hará que el Ministerio Público actúe en el caso de Juan López. “Para algunos sectores de este país, la política y el poder son más importantes que la justicia”, dijo el Padre Melo. “Por eso la impunidad sigue creciendo y, con ella, el país se vuelve más peligroso para los defensores del medio ambiente”.
En el Campamento Digno René Alemán, Pablo Sánchez es muy consciente del peligro. “Estamos vivos solo por la gracia de Dios”, dijo. “En un momento, recibí mensajes diciendo que alguien había ofrecido un millón de lempiras [$38,000] para matarme. Por eso es tan importante que hayan venido a visitarnos. Cuanta más gente sepa de nosotros y de nuestra lucha, más seguros nos sentiremos. Queremos que personas de todas las religiones caminen con nosotros”.
El legado del Papa Francisco
Pablo Sánchez dijo que su activismo ambiental está constantemente inspirado por el Papa Francisco. Ha participado en talleres y capacitaciones sobre el legado ecológico del Papa, organizados por el centro de pensamiento jesuita ERIC-SJ en El Progreso, Honduras, y por la Comisión Ecológica de la Iglesia Católica Hondureña, un grupo de diócesis que aboga por un enfoque ambiental más comprometido por parte de la Iglesia.
“La Laudato Si’ del Papa Francisco nos dio el lenguaje de la ‘casa común’, lo cual fue muy útil para dialogar con mi grupo parroquial. Lo combinamos con un modelo de [Acción Católica] que hemos usado durante años: Ver, juzgar y actuar”.
Sánchez recordó que ese mismo método fue el que empleó Juan López, a quien conoció una semana antes de su asesinato. “Él vio los daños ambientales en su comunidad, hizo preguntas para entender las causas y alzó la voz contra la injusticia. Yo intento hacer lo mismo en este campamento, de la mano con personas de todas las religiones, o como dijo Francisco, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad”, expresó.
“La fe es para unir a las personas”, dijo Don Francisco Rivera. “Cuando comenzamos el campamento, otros nos preguntaban: ‘¿Cómo van a derrotar a ese gigante?’ Yo solo les recordaba la historia de David y Goliat. Saúl primero buscó a los guerreros más valientes, pero ninguno pudo vencer a Goliat. Pero luego David, de quien nadie esperaba que ganara, derrotó al gigante. Así somos nosotros: David contra un gigante, y lo vamos a vencer. Juntos”, dijo Don Francisco.
Luchar contra la mina de Agrecasa es solo el comienzo, dijo Don Francisco. Espera que el aserradero de Tramade sea el siguiente. En su mente, esta comunidad siempre será Brisas del Mar, un nombre que espera algún día poder recuperar.