

Cianuro
Después del terrible choque ocurrido en Quimistán, entre una rastra y un bus de turistas que venía de la Antigua Guatemala el pasado 5 de abril, que dejó nueve víctimas mortales y más de veinte heridos, las comunidades cercanas han quedado en alto riego. Esta tragedia ha estremecido la conciencia nacional, y no podemos permanecer con la conciencia tranquila.
El choque provocó un derrame de 20 toneladas de un producto con cianuro que transportaba la rastra, y según informes iba a usarse para la extraer oro en las minas de Copán por la empresa Minosa. El cianuro es muy peligroso: impiden que las células usen el oxígeno del cuerpo. Si se inhala o se ingiere en dosis altas pueden causar la muerte en poco tiempo. Y Minosa tiene que asumir su responsabilidad.
Al expandirse el cianuro en el medioambiente se destruyen las vidas humanas, contaminan los ríos y suelos, mata los peces, las plantas y afecta la vida de comunidades enteras. ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar pasivamente para que el cianuro continúe envenenando nuestros ríos y nuestra casa común?
No podemos ignorar que hay más de 300 concesiones mineras en el territorio nacional y que muy probablemente usarán el cianuro. Este químico convierte en cloacas tóxicas nuestros ríos, contaminan la sangre de nuestros niños, causa la pérdida de cultivos y atenta contra la salud pública. ¡Estos son crímenes contra la creación, contra nuestra Casa Común!
No queremos convertir a Honduras en un cementerio de los desechos de las empresas mineras en complicidad con los gobiernos de turno que priorizan llenarse los bolsillos a costa del bienestar de la población. ¿Dónde está el derecho a un ambiente sano, garantizado por la Constitución en su artículo 145? ¿Dónde ha quedado la consulta previa, libre e informada a los pueblos indígenas como exige el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo?
Sin embargo, no todo está perdido. Existen comunidades como Guapinol y comunidades aledañas que resisten con dignidad exigiendo que se cumpla el decreto 18-2024 para proteger la zona núcleo del Parque Botadero Carlos Escaleras. Además, nos solidarizamos con todas las comunidades del Valle del Aguán y del país que defienden sus territorios y los bienes naturales ante las amenazas de proyectos mineros extractivos que contaminan nuestros ríos, suelos y aíre, destruyen nuestros bosques y polarizan a las comunidades por la falta de empleo local y la alta violencia, con graves amenazas contra la población.
No olvidamos los crímenes de Berta Cáceres y Juan López, ni el sacrificio de tantos defensores y defensoras de los bienes comunes que han ofrendado su vida por la defensa de nuestra casa común. No vendamos nuestras riquezas naturales por un puñado de oro envenenado. ¡Por una Honduras viva, sin minería, ni muerte!
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