Aunque en el caso de nuestro Hermano Juan López se ha avanzado hacia el juicio a los acusados como autores materiales y se ha iniciado el proceso judicial para los acusados de estar en el segundo anillo como asesinos intelectuales, la impunidad sigue revoloteando para impedir que se conozca toda la verdad y a los auténticos planificadores del crimen que ha estremecido a la sociedad hondureña.
Impunidad es todo aquello que tiene que ver con dejar intacto los delitos y a quienes los cometen, y cuando quienes planifica crímenes cuentan con la protección y se sienten protegidos por la institucionalidad del Estado en virtud del poder, las influencias y el dinero con que cuentan. La impunidad se nutre de la debilidad de las instituciones y de la ausencia de valores y actitudes éticas, y especialmente se alimenta de la cultura patrimonialista que se sostiene sobre la base de que la familia, el Estado y sus bienes son patrimonio de unas pocas personas.
Cuando las instituciones son muy débiles y están controladas por intereses de élites políticas, el poder se usa para callar las voces de las víctimas. Quien actúa impunemente ejerce violencia, se basa en la violencia y cada acto que realiza, sin que sea castigado, va sentando las bases para que en la sociedad se diriman todos los conflictos y decisiones con la violencia. Y quien actúa en la impunidad siempre ocultará la verdad, y toda su mentira la presentará como que fuese verdad.
Esta realidad de impunidad fue la que denunció Jesús cuando en su tiempo las autoridades religiosas usaban a Dios y las leyes para ocultar sus prácticas injustas. “Sepulcros blanqueados”, les llamó Jesús. La impunidad va siempre a la par de la corrupción. Quien actúa impunemente es porque tuerce las leyes y porque maneja las conciencias de la gente en base al dinero. Nadie que sea impune deja de ser corrupto. Impunidad y corrupción siempre van de la mano, y una lleva a la otra.
En la Biblia, la impunidad es una práctica contraria a la fe en el Dios de la Vida, y los actos que se hacen bajo la sombra de la impunidad son desenmascarados por los profetas. Pablo advierte que Dios se prepara a condenar la injusticia de aquellos hombres que han ocultado la verdad con sus mentiras (cfr Romanos 1, 18).
En los capítulos 11 y 12 del segundo libro de Samuel encontramos la acción impune y corrupta del rey David. Usa su poder y su prestigio para actuar con impunidad en el caso de la esposa de un subordinado, y luego provoca que su subordinado sea colocado en el frente de guerra en una posición que lo convierta en blanco de una muerte segura. Todo lo hace bajo la protección de la impunidad que le daba su poder.
El profeta Natán es enviado por Dios para desenmascarar la impunidad de David. Es muy iluminador el pasaje del libro segundo de Samuel 12, 1-13, cuando el profeta Natán encara a David haciendo ver su delito a través del espejo de otras personas. Una vez que lo desenmascara, Natán nos da la clave para saber situar la impunidad, puesto que la persona impune tiene poder, lo usa perversamente, y todo en el silencio y en la oscuridad, mientras que Dios aclara las cosas, saca la verdad desde la oscuridad y actúa a la luz del día.
Jesucristo en el Evangelio de Juan advierte que los hijos de Dios actúan a la luz del día mientras que los impunes actúan en las tinieblas. Por eso mismo, no duda en recordar que la verdad ha de ser el sustento de sus seguidores. Cuando se enfrenta a los judíos, Jesús les dice en su cara la razón por la cual lo quieren matar: “Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mis palabras; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres…Ustedes quieren matarme por ser hombre que digo la verdad tal como la oí de Dios…Yo les hablo la verdad y ustedes no me creen” (Juan 8, 31.40.45)
La verdad es a la impunidad como el día a la noche. Los impunes buscan de cualquier manera alejar la verdad, y presentar sus actos y su vida como ejemplos de la verdad. Mucha gente impune se presenta en la sociedad como honorables políticos, respetables empresarios o venerables religiosos. Hacer brillar la verdad en estos ambientes de impunes, es jugarse la vida. Toda persona impune se guarda datos, dice las cosas a medias, nunca suelta todo lo que sabe.
Una persona que congenia con la impunidad, actúa con medias verdades y con medias mentiras. Es decir, será siempre un hipócrita. Tratará de preservar los datos auténticos bajo el argumento de proteger la institución, la privacidad, la honorabilidad y la honra. Decir la verdad y hacer frente a la impunidad en estos ambientes de impunes, es arriesgar siempre la vida, y muchos de los luchadores contra la impunidad, serán frecuentemente tildados de imprudentes y un riesgo para la sociedad de los bien situados.
Así fue visto Monseñor Romero y así lo mataron por decir en lo público palabras como las siguientes y que nos ayudan a concluir nuestra reflexión del día: “No le tengamos miedo a quedarnos solos si es en honor a la verdad. Tengamos miedo de ser demagogos y andar ambicionando las falsas adulaciones del pueblo. Si no le decimos la verdad, estamos cometiendo el peor de los pecados: traicionando la verdad y traicionando al pueblo” (Homilía, 25 de noviembre 1979).