

Cada quien se merece sus propios premios
Que personas que han dado su respaldo a guerras de exterminio reciban un premio Nobel de La Paz, no solo es indignante para la gente luchadora por la paz a lo largo del planeta, sino que devalúa el galardón y queda en total descrédito, como en efecto ha ocurrido.
En otro extremo, si organismos defensores de derechos humanos fueran nominados para premios que otorgue Trump o Bukele o Milei, esos organismos quedarían totalmente desacreditados. A nadie se le ocurre que un premio con el nombre de Nixon se le otorgue a COFADEH o al COPINH o al Comité Ambiental de Tocoa. Ese premio solo se le puede otorgar a quienes violan derechos humanos, apoyan guerras de exterminio o genocidio y a dictaduras disfrazadas de democracia. A nadie se le podría ocurrir que Provida otorgara premio al reconocido como significante Centro de Derechos de Mujeres.
Cada quien se merece el premio que le corresponde conforme a su identidad. Funcionarios o políticos como Bukele solo podrá recibir premios relacionados con democracias ficticias. Altos funcionarios del partido nacional solo podrían recibir premios como el de Nixon, Trump y todos aquellos asociados con la corrupción, violencia y violación de derechos humanos.
Nadie, por tanto, debe extrañarse de que el actual presidente del Congreso Nacional sea premiado por sectores estadunidenses de extrema derecha, bajo el nombre del inhóspito y decadente expresidente Richard Nixon. Asombroso sería que le dieran un premio de Monseñor Romero de derechos humanos o el premio Goldman por defensor del ambiente. A él lo premian en relación con la altura de sus charlatanerías en nombre de una democracia inexistente.
Insistimos, cada quien en su sitio. Cada quien, en su propia rama, cada quien con su propio premio.
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