

Crisis de legitimidad y la impactante realidad poselectoral
La declaratoria de Nasry Asfura como ganador, superando por apenas un 0.8 puntos porcentuales a Salvador Nasralla, evidencia una sociedad profundamente fragmentada y polarizada en un escenario de graves sospechas bien fundadas de fraude electoral. Este estigma de fraude nadie se lo podrá quitar al proceso electoral.
La partidización del Consejo Nacional Electoral, del Ministerio Público, de la Corte Suprema y la Procuraduría General de la República, demuestran la fragilidad y el manoseo institucional en todo este proceso de las elecciones generales en Honduras. Se suma a esta triste realidad, la inoperancia y la parálisis constante del Congreso Nacional. Se ha erosionado gravemente la confianza pública en el sistema electoral, y es frecuente escuchar a mucha gente que de nada sirve ir a votar si después nadie respeta su voto.
A esto se añade amargamente la intervención sin precedente del presidente Donald Trump, que en los hechos extorsionó a los políticos: o votan por Asfura o aténganse a las consecuencias. Con un agravante, como cerecita del pastel a la clásica república bananera: el indulto a Juan Orlando Hernández, dejando por sentado así que eso de la lucha contra el narcotráfico es solo una argucia para justificar el alineamiento de los países del hemisferio occidental a su política intervencionista.
La declaración de Tito Asfura como presidente electo ha revuelto todas las heridas. En lugar de ser una propuesta para resolver la alta conflictividad, este hecho viene a agudizar la polarización y despierta todos los fantasmas que viene agobiando a la sociedad hondureña después del golpe de Estado de 2009. La violencia queda activa y coloca a quienes defienden los derechos humanos y el Estado de derecho en situación de alto riesgo.
¿Qué advertimos para el siguiente período que se inicia en 2026?: una oposición militante en contra del Ejecutivo, no solo por parte de la izquierda sino de tanta gente herida que considera que la presidencia le tocaba a Nasralla; un Estado de derecho debilitado y cuestionado por la violación de los Derechos Humanos; la presión internacional por el enjuiciamiento de corrupción histórica, narcotráfico y el narco Estado. Hemos de recordar que el Partido Nacional retorna al gobierno con sus dirigentes salpicados de corrupción y como instituto político acusado por la fiscalía del Distrito Sur de Manhattan de ser una estructura criminal.
Honduras está ingresando a un período mucho más crítico y complejo que antes. Demanda análisis, debate y decisión de búsqueda. Los diversos sectores sociales ya no pueden seguir como espectadores. Están llamados a crear dinamismos que fortalezcan la vigilancia social, la institucionalidad democrática y se camine en la dirección de responder a las grandes demandas ciudadanas de trabajo, salud, educación y seguridad pública y protección de los derechos humanos y las libertades públicas e individuales.
