Luego de la muerte del papa Francisco, el pasado 21 de abril, la Iglesia Católica y el mundo posaron sus ojos en el Vaticano durante el desarrollo de uno los procesos más importantes para la feligresía católica, el cónclave, donde 133 cardenales menores de 80 años eligieron al pontífice 267, el cardenal Robert Prevost, estadunidense con nacionalidad peruana, quien tomó el nombre de Leon XIV así como el liderazgo de la Iglesia universal y los desafíos que la misma conlleva.

El papa León XIV llega a la Santa Sede con los caminos abiertos por el papa Francisco, quien marcó por su cercanía con los pobres, su sensibilidad hacia las periferias y su voz profética en defensa de los migrantes, y las poblaciones excluidas.

En medio de este ambiente de expectativa sobre el nuevo pontificado, diversas voces del mundo eclesial y humanitario elevan su esperanza por la continuidad de una Iglesia que haga del Evangelio y de la acogida una de sus principales banderas. Una de ellas es Amaya Valcárcel, del Equipo de Incidencia Internacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma, Italia, quien, en entrevista con Radio Progreso, expresó el deseo compartido por muchas organizaciones de que el nuevo Papa mantenga el espíritu de Francisco en la defensa de quienes huyen de la guerra, la violencia o la miseria. “Nos gustaría que el nuevo pontífice no solo mantenga esta mirada misericordiosa hacia los migrantes, sino que la refuerce”, señaló.

Amaya Valcárcel, equipo de incidencia internacional – Servicio Jesuita a Refugiados. Crédito: JRS

Nos cuenta que la figura de Francisco fue precisa para visibilizar el drama de los desplazados forzosos en un mundo marcado por la hostilidad y la polarización. Sus gestos – como el viaje a Lampedusa, el traslado de familias refugiadas a Roma o su insistencia en que la Iglesia debe ser “hospital de campaña”— marcaron un punto de inflexión en la narrativa eclesial sobre la movilidad humana. Para actores como el JRS, que trabajan en más de 50 países acompañando a refugiados y desplazados, ese respaldo papal no solo ofreció legitimidad, sino también impulso moral y político en contextos adversos.

Ante un escenario internacional que no ha cesado en producir nuevas crisis humanitarias, un nuevo pontificado no es solo una cuestión interna de la Iglesia, sino una decisión con profundas implicaciones éticas y sociales. Desde Roma, Valcárcel subraya que el nuevo pontífice tendrá la tarea de sostener una voz clara frente a políticas migratorias excluyentes, fortaleciendo el compromiso del Vaticano con una cultura de hospitalidad y encuentro. “La Iglesia ha sido faro de esperanza para millones de personas desplazadas; que lo siga siendo depende, en gran parte, de quién asuma ahora la cátedra de Pedro”, afirmó Valcárcel.

Escucha a continuación la entrevista completa: