

Para después de la tormenta
La distancia entre la política y la gente es enorme. La vida en Honduras no se reduce a elecciones ni a gobiernos ganadores o perdedores. La vida en Honduras no se puede detener en la política. La vida cotidiana de la gente va por un lado y la bullaranga electoral va por otro lado. La vida no se detiene ni se consume en un partido o en un gobierno. La normalidad nos remite a un conglomerado que se encuentra arañando vida para sostenerse.
Mientras los políticos se reparten puestos o negocian cuotas de poder de cara al control del presupuesto, la inmensa mayoría de la gente se dedica a arañar para sacar los tres tiempos diarios y tener para pagar jaranas y ahorrar para pagar los estudios de sus hijos e hijas.
Mucha gente, especialmente entre los sectores juveniles, pasa de la política y del gobierno. La política sigue siendo algo extraño, distante y dañino. Ante la imperiosa lucha por sobrevivir, por buscar un empleo, la política solo se puede usar para arrancar a candidatos y líderes políticos un trozo de conqué en una esquina de la vida.
Mucha gente vive y participa en la política con igual actitud como los vendedores en un estadio atiborrado de espectadores. Ellos andan de pasillo en pasillo vendiendo tajadas, frescos, carne asada, cervezas y toda chuchería posible. Mientras ofrecen sus productos, de cuando en cuando se detienen para ver una jugada o para celebrar el gol que ha hecho retumbar a la mitad del estadio. Su vida no es el partido, solo sabe sacar ventaja para sobrevivir.
El retorno a la realidad sin campañas, es por poco tiempo. Qué bien vendría a las organizaciones populares, sociales y comunitarias aprovechar lo que viene después de la tormenta electoral. El año que viene después de lo electoral ha de ser para la reflexión, el análisis y la búsqueda de caminos propios para hacer frente a tantos desafíos y problemas que impiden una vida sosegada y digna. Es un tiempo muy oportuno para el debate y la búsqueda en común.
El tiempo marcha veloz para los políticos, y cuando menos lo esperemos, nos pondrán de nuevo en campañas, y antes de que se nos venga esa bulla, apenas nos queda un año por delante para que los sectores populares y comunitarios definan su propio plan de lucha con sus demandas y sus tareas.
No es fácil, porque ya saltó de su escondite la publicidad navideña que desmoviliza y distrae, impide pensar, reflexionar, analizar y construir propuestas. Es poco el tiempo que tenemos para analizar y debatir. Si no lo aprovechamos, otra gente, la que tiene la sartén por el mango, seguirá organizando el guiso y la merienda, y a nosotros nos dará solo a oler y a lo sumo una probadita. Reflexión, análisis, debate y búsqueda, es lo que corresponde inmediatamente después de lo electoral. No lo desperdiciemos.
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