

Primero de Mayo, la Huelga nos convoca
El Primero de Mayo es día sagrado. El más sagrado de los días en el calendario anual para el pueblo trabajador. Evoca sangre que al menos desde los mártires de Chicago en 1886 se viene derramando por los derechos humanos y laborales. El Primero de Mayo está intacto. Es un día sagrado y un día de lucha. No es tan intacta la lealtad de todas las dirigencias obreras y populares. Unas son leales a los ideales y las luchas. Otras son menos leales. Y algunas son traidoras a los intereses de la clase trabajadora.
Algunos de los dirigentes obreros se codean taco a taco con diputados, incluso son diputados, y no falta quienes estén del lado incluso de la patronal y de altos dirigentes de partidos políticos. Y no es que todos los diputados y dirigentes partidarios sean enemigos de la clase trabajadora, sino que esas dirigencias –que no todas—suelen ser más fieles a líneas partidarias que a demandas laborales de la clase trabajadora.
En una ocasión, en los tiempos de mayor cumbre autoritaria, se les vio incluso a algunos dirigentes obreros premiando a uno de los ministros del narco dictador, en el momento preciso que se reprimían despiadadamente a quienes salían a las calles a protestar y repudiar el fraude electoral. “Todo está grabado en la memoria”, como nos recuerda el cantautor popular León Gieco.
El Primero de Mayo sigue intacto. Es la causa obrera y popular, de quienes solo tienen sus manos y su dignidad. Es memoria de mártires y de gestas auténticamente heroicas del pueblo. “El camino de mayo es la victoria”, escribió Ramón Amaya Amador. Y así es para la clase trabajadora. Para los campesinos sin tierra o amenazados de desalojos. Y es también de los estudiantes y profesionales en pie de lucha.
En nombre de la sangre derramada y en nombre de las muchas luchas presentes y pendientes en nuestra Honduras merecedora de un futuro nuevo, en este día Primero de Mayo, saludamos a las luchadoras y luchadores del pueblo. Nuestra Radio Progreso reafirma su compromiso de estar siempre presente con nuestro micrófono para transmitir y ser voz, la mano, el sudor, las lágrimas y el canto de quienes prosiguen la causa emancipadora de los pueblos. Sin dobleces y sin comprometer su autonomía e independencia ante ningún poder establecido. A los setenta años de la gloriosa gesta de la clase trabajadora en 1954, no dudamos en seguir creyendo que la Huelga nos convoca.

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