

El olor del fraude
Un dato queda en el imaginario social hondureño, las elecciones de 2025 fueron fraudulentas. Por más que la matriz mediática blanquee los resultados y hagan oídos sordos a las denuncias, a medida pasa el tiempo, el olor del fraude se hace más intenso. Por diferencias ideológicas hicieron feroz campaña contra el partido en el poder, y son incapaces de buscar convergencias que abonen a respetar la voluntad de la gente.
El problema de fondo es que en estas elecciones todos perdimos, especialmente el pueblo hondureño. La gente salió a votar, unos muy temprano, otros a mediodía y otros al cierre de la jornada, pero todos lo hicieron de manera pacífica. Hicieron fila, llenaron papeletas hasta depositar el voto. A partir de la 6 de la tarde, terminó la fiesta democrática y entramos al gobierno de los rumores, tanto que han pasado más de 11 días y no hay resultados oficiales.
En estos días se ha conocido de actores y factores que hacen menos creíbles los resultados, desde los mensajes de Trump, el indulto de JOH, los mensajes por redes sociales desde maquinarias externas, hasta mensajes de maras y pandillas estableciendo por quien votar o que se atuvieran a las consecuencias.
La institucionalidad quedó en deuda. Parece que los partidos políticos y el propio Consejo Nacional Electoral son parte del problema. Los resultados de las lecciones podrían quedarse como un mal chiste, si no fuera porque entre las elecciones primarias y generales se invirtieron tres mil doscientos millones de Lempiras. ¿Es justo invertir tanto dinero para que se burlen de la dignidad de la gente?
Esta realidad hace imposible pensar en clave de repetir las elecciones, y por eso nos encontramos ante dos escenarios. Primero, la negociación entre las cúpulas de los partidos políticos, este escenario es el menos deseable, pero es el más probable, porque ahí reside el poder de los propietarios de los partidos políticos.
El otro escenario es hacer conteo de todas las actas, no solo a las que tienen inconsistencias. Este escenario es el más deseable, porque ayudaría a calmar tensiones, recuperaría algo de confianza en el proceso y en el CNE y, sobre todo, ayudaría a respetar la voluntad de la gente.
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