

En el día de los Derechos Humanos
Desde la Declaración Universal de los derechos humanos por las Naciones Unidas hasta hoy, ha crecido, por una parte, la conciencia y lucha en defensa de los derechos humanos, pero, por otra, nunca los derechos humanos han estado más amenazados que en este período del siglo veintiuno. Y esta amenaza se cierne con mayor peligro para nuestra Honduras.
Esto ocurre porque en la base de la lógica de las sociedades está la mentalidad y la lógica del individualismo y del despojo por encima del bien común. Los países ricos, las grandes multinacionales y el poder mediático dominante, buscan ganancias infinitas sin importar si la gente come y se dignifica, si no. Es la ley de los fuertes y la ley de la oferta y la demanda lo que funciona.
La doctrina social de la Iglesia fundamenta los derechos humanos en la dignidad de la persona humana. Esto significa que todas las personas tenemos derechos, no porque lo conceda el Estado, sino porque tenemos dignidad. Los gobiernos no nos dan derechos humanos, sino que tienen el deber de garantizar que se cumplan esos derechos para todas las personas.
En América Latina, la Iglesia, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo veinte, ha asumido una valiente y profética defensa de los derechos humanos desde los pobres y las víctimas. Hay una rica y hermosa generación de pastores y profetas, que actualizaron maravillosamente el evangelio. Son muchos nombres. Para nosotros, Monseñor Romero, hoy San Óscar Romero, representa muchos de esos nombres proféticos que como Juan López, fueron martirizados por su fe puesta en la defensa de los derechos humanos y la Casa Común.
El P. jesuita Ignacio Ellacuría dijo que lo peor de la violación de los derechos humanos en el mundo es que unos pocos disfrutan a costa de la negación real de los derechos básicos de millones de personas. Para el caso, en nombre del derecho a la seguridad de unos pocos, se invade y bombardea a poblaciones enteras causando miles de víctimas, como ocurre en Gaza, o se ignora la barbarie que sufre el pueblo haitiano.
En este día mundial de los Derechos Humanos, cuando más está amenazada la vida del planeta, recordamos que el derecho radical y más importante es el derecho a vivir. Y mientras la ONU y los altos dirigentes de los países ricos, no se sientan presionados desde los sectores populares por garantizar el derecho a la vida para toda la humanidad, nunca podremos decir que los derechos humanos se han universalizado.
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