Jueves 24, Octubre 2024  

¿Hacia a dónde conduce la depredación y el despojo?

Hace más de cinco siglos, cuando las costas hondureñas no conocían la mano devastadora de los imperios europeos, existía una impresionante belleza natural. Hoy nos cuesta imaginarnos cómo era esa naturaleza virgen. Tenemos las palabras de un hombre de fe, Fray Bartolomé de las Casas, quién conoció la primitiva belleza de nuestra tierra y dio testimonio de ella. Escuchemos con atención el siguiente texto muy iluminador que escribió en aquel entonces este hombre misionero.

Así lo dijo: «Los aires locales son claros, delgados, sutiles y clementes… Las aguas que riegan toda aquella tierra sustentan las gentes infinitas de ellas son sutiles dulcísimas, maravillosas, rapidísimas, claras…y como son infinitos los ríos, arroyos y quebradas, y la tierra de donde comienzan y por donde pasan tan grande. Por eso hay en esta tierra los más grandes y odorosos ríos en toda la redondeza del mundo». Hasta aquí la cita.

Hoy, por desgracia, la realidad es muy distinta. Las personas no representaban un peligro para el medio ambiente ni este tampoco era una amenaza. Hoy estamos rodeados por señales evidentes de un progresivo deterioro ecológico que puede ser irreversible.

Y a esto se suma el riesgo de seguir destruyendo ya no solo los bienes naturales en tierra firme, sino en nuestras islas, las cuales debían destinarse a recrear la naturaleza y proteger las diversas especies marinas. A pesar de algunos esfuerzos por detener la destrucción de nuestros bosques, la depredación sigue, y quienes alzan la voz en su defensa, como Berta, Carlos y Juan, acaban bajo el impacto de las balas depredadores y asesinas.

Desde nuestra conciencia ciudadana y desde nuestra fe cristiana reafirmamos que el futuro no se puede sostener desde medidas que destruyen el ambiente ni con medidas que imponen la violencia y destruyen la libertad. Para nuestra fe, no es la destrucción del ambiente ni la imposición de la fuerza lo que nos edifica como humanidad, sino la siembra de la paz y la justicia.

Las tierras de nuestras valles que hace tan solo una generación eran de los más fértiles del continente, ahora se están agotando y envenenando. Las abundantes aguas que tanto agradaron a Fray Bartolomé de Las Casas ahora comienzan a escasear de manera alarmante. El mismo aire que inhalamos queda cada día más saturado de los humos ponzoñosos de la industria extractiva.

¿Seguiremos permitiendo que se nos agote la naturaleza? ¿Permitiremos que se siga contaminando nuestro medio ambiente, y destruyéndolo? ¿No debíamos apostar desde nuestra conciencia ciudadana y desde nuestra fe cristiana para que se implementen la aplicación de justicia para acabar con la impunidad de los asesinatos de nuestros defensores ambientales nuestros hombres y mujeres asesinados? ¿Acaso no hemos de exigir la implementación YA del Decreto 18-2024 sobre la protección de todas las reservas forestales, como es el caso del Parque Nacional de reserva Montaña de Botaderos, “Carlos Escaleras?