MIiércoles, 3 septiembre 2025  

La migración en tiempos de Trump

Para el gobierno de los Estados Unidos la migración de poblaciones que tocan y empujan la frontera entre México y Estados Unidos es un severo problema. Y lo tratan como un mal a destruir o aniquilar. Somos un problema, y no como un problema.

En esta ocasión destacamos tres actores desde donde conjuntar esfuerzos en la búsqueda de respuestas humanas y políticas para hacer frente a un fenómeno que nunca se resolverá con deportaciones o medidas represivas y discriminatorias.

El primer actor es la misma población migrante y la susceptible de emigrar. Toca escuchar, acompañar, atender sus demandas y angustias. No dar respuestas sobre la base de que ya sabemos lo que quieren. Sin escucha y atención a sus demandas, la población migrante o susceptible de emigrar tomará sus propias decisiones, las cuales no siempre corresponderá con lo que esperan los gobiernos. Los migrantes serán siempre incómodos, y nos saldrán al paso con sus voces de incomodidad. Y sin atender sus clamores, seguiremos asustados con las noticias de deportaciones, miedos, amenazas, deportaciones o muertes desgarradoras.

El segundo actor es el gobierno hondureño. Es de absoluta necesidad política y humana dar señales inequívocas del interés del gobierno hacia las poblaciones susceptibles para emigrar. Es necesario conjuntar respuestas de salud, educativas, de empleo y políticas agrarias, si es que de verdad se quiere frenar a la migración. Si pasa el tiempo y no hay señales, más pronto de lo esperado, proseguirá el éxodo, el desangre de la sociedad.

El tercer actor, es el gobierno de los Estados Unidos y el gobierno mexicano. Dejar de ver en los hechos a los migrantes como amenaza y como problema. El gobierno mexicano debía dar señales de que su mirada hacia Centroamérica no es solo de desdeño y desconfianza, mientras su mirada hacia el norte es benevolente. Ha de salir al paso con la atención misericordiosa y solidaria para con los migrantes en tránsito, y ha de extender su mirada y su compromiso hacia una relación de cooperación con el gobierno de Honduras.

Con respuestas solidarias y humanitarias por parte de los gobiernos hondureño y mexicano, se estaría haciendo llegar el mensaje al gobierno duro de Estados Unidos que detrás de los migrantes no existe un problema únicamente, sino un llamado humano, político y ético para atender a seres humanos que han sido víctimas de políticas globalizadoras de exclusión y discriminación, cuando no incluso racistas.

Los migrantes, en lugar de peligro, emergen delante de nosotros para dar la oportunidad a nuestros gobiernos a ser buenos administradores de la humanidad y hacer sentir que nuestras instituciones se sostienen sobre bases de humanidad y bien común. Los migrantes nos muestran el camino del bien común.

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