

El proceso electoral más allá de las pasiones
La temporada electoral debe ser una oportunidad para fortalecer la institucionalidad democrática mediante un debate robusto y de altura. El pueblo hondureño merece una campaña en la que se aborden los problemas estructurales que nos aquejan como país y no consignas vacías.
Lamentablemente, se observa una creciente tendencia a la polarización tóxica y la descalificación personal. La estrategia de recurrir al insulto y al señalamiento infundado busca movilizar al electorado a través del odio y el rencor, no del convencimiento.
Esta práctica, lejos de construir democracias sólidas, fractura el tejido social y genera odio que perdura más allá de las elecciones. Sustituir las ideas por ataques es un fraude al debate público y permite el desarrollo de lo que Daniel Innerarity llama la “democracia del odio”.
Frente a este escenario, es imperativo que la ciudadanía rechace activamente caer en la trampa de esta polarización artificial y ejerza sus derechos políticos con responsabilidad, privilegiando la razón sobre las emociones viscerales que destruyen.
Por ello, hacemos un llamado firme a las personas candidatas y a los partidos políticos a centrar sus campañas en la presentación de propuestas viables y soluciones concretas a los urgentes problemas nacionales, y demostrando respeto a las ideas diferentes.

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