

Mantener las antorchas encendidas y las alarmas activas
Las calles bloqueadas por los taxis de El Progreso, los transportistas en paro, las tiendas cerradas, los centros educativos cerrados, las calles vacías, los grupos de gente que se apiñaban en los puentes y lugares de pasos atascados, esta es una pequeña fotografía de lo que pasó durante la huelga de los taxistas, los transportistas, campesinos y grupos conscientes de la arbitrariedad del incremento de un 300% de la tasa vial en el municipio de El Progreso, Yoro.
No fue una casualidad, fue el despertar de un pueblo que estaba acostumbrado a la rutina cotidiana, pero que se hace sentir cuando es golpeado por la injusticia de sus gobernantes y de todos aquellos que se quieren aprovechan de su bondad, así como ocurrió en la inolvidable huelga bananera de 1954.
La ciudadanía no debe dormirse ahora que se logró la derogación de este incremento injusto. Las calamidades y miserias siguen y la actitud de las autoridades sigue siendo insensible. Hay que mantener las antorchas encendidas y permanecer vigilantes frente a los abusos, incrementos arbitrarios y decisiones tomadas sin consultas previas al pueblo.
La organización popular es una forma genuina para robustecer la democracia. Cuando los taxistas, transportistas y sectores aliados se articulan, convierten un reclamo justo en una causa pública capaz de exigir que se retroceda en decisiones arbitrarias y que los gobernantes locales y en el país rindan cuentas.
La alarma activa nos previene del grave peligro de normalizar lo injusto. Si una tasa o impuesto sube de forma repentina, la tarea no es aplaudir o callar cómodamente, sino contextualizarlo, cuestionarlo y explicar sus terribles consecuencias para la población.
Hay que recordar que la rendición de cuentas municipal es una exigencia democrática y no es una concesión para el pueblo. La vigilancia ciudadana exige a los gobernantes locales que expliquen cómo cobran, en qué gastan y qué beneficios concretos se lograrán para bienestar de la población.
La protesta ha sido pacífica y tiene un alto valor político y moral, se hizo uso del derecho que tiene todo ciudadano para frenar abusos y corregir medidas desproporcionadas y fuera de contexto. La memoria de esta movilización debe servirnos para evitar nuevos atropellos.
Las antorchas encendidas y las alarmas activas no pueden apagarse para que ningún impuesto se convierta otra vez en abuso y para que las autoridades municipales rindan cuentas ante su pueblo. Cuando el pueblo se organiza se iluminan las antorchas, cuando deja de vigilar, las alarmas ya suenan demasiado tarde. Que la luz de la justicia y la dignidad ilumine a toda nuestra bella Honduras.

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