

Primeros trazos del Sondeo 2026 en su edición número quince
El Sondeo 2026 del ERIC en su edición número quince, dibuja el perfil de una sociedad en tránsito irreversible hacia lo urbano, con mayoría de mujeres, y con un 45 por ciento de su población entre los 18 y los 35 años. Se trata de una sociedad marcada por una intensa movilidad territorial y por la emergencia de nuevos rasgos culturales moldeados por las redes sociales y la inteligencia artificial.
Sin embargo, también es una sociedad estancada en materia educativa: apenas un 8 por ciento alcanza estudios universitarios, mientras que el 53 por ciento permanece en la amplia franja de la educación secundaria. Es, además, una población joven que sigue a influencers en los que no necesariamente cree, pero con quienes se entretiene, y que continúa fascinada por noticias cargadas de sangre, celos y pasiones, tanto en el barrio como en la cantina o en los pasillos de alguna institución de la empresa privada o del Estado hondureño.
Es una sociedad creyente, evangélica, en primer lugar, y católica, en segundo lugar, pero con una de cada cinco personas sin confesión religiosa. En esta misma sociedad mayoritariamente creyente es en donde, en el último año, aumentaron en un 89 por ciento los asesinatos de mujeres, en un contexto de negligencia estatal y de machismo arraigado en toda la institucionalidad, incluida la religiosa.
A su vez, es una sociedad con fuerte escepticismo hacia la institucionalidad. No cree en partidos políticos, en instituciones del Estado y muy poco en otros organismos gremiales u ongs. La mayor preocupación de esta sociedad, según el presente Sondeo, es la precariedad económica, expresada en la crisis económica, el alto costo de la vida y el desempleo. A ello se suman la delincuencia y la violencia, así como los problemas de salud, educación y corrupción.
En este nudo de dificultades se condensan las principales preocupaciones de la población, preocupaciones que de inmediato se transforman en demandas dirigidas al gobierno de la República. Más de la mitad de la sociedad parece decirle al gobierno: resuélvanos estos problemas y recuperaremos la confianza perdida en la institucionalidad hondureña. Pero ese deseo es más una quimera que una posibilidad, puesto que la confianza en la administración pública se debilita en la medida en que la ciudadanía percibe que quienes gobiernan responden más a los intereses de las élites que a los de la inmensa mayoría. Así aplazan al presidente.
La sociedad también pide a las iglesias y a sus líderes que no se involucren en asuntos políticos vinculados con partidos ni con cargos de gobierno. Más de siete de cada diez hondureños quieren a las iglesias fuera del ámbito del poder político. En cambio, sí desean que participen, junto con otros sectores, en la solución de los problemas sociales y comunitarios y en la promoción del bien común. Así lo considera ocho de cada diez personas. Asimismo, la inmensa mayoría de la gente quiere sus clero y a sus pastores comprometidos con la misión evangelizadora: anunciar, denunciar y servir de mediadores ante los diversos conflictos.

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