La tarea esencial de una persona que tiene que ver con la palabra y con los medios de comunicación es poner la realidad y no los intereses de los grupos de poder en el centro de su oficio.  

La apuesta de la Palabra de Dios, por su parte, es poner la realidad por encima de las ideologías o intereses de grupos. Y esa realidad iluminarla a la luz del Evangelio. Es una apuesta por la verdad y la justicia. El Evangelio es muy preciso con esa sentencia de nuestro Señor Jesucristo universalmente conocida: “Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi palabra; entonces conocerán la Verdad, y la Verdad los hará libres” (Juan 8, 31-32)

San Óscar Romero puso la palabra, su voz, sus homilías, los medios de la Iglesia al servicio de la realidad y de la justicia desde los pobres y al servicio de la verdad. Monseñor Romero reconoció el papel importante y maravilloso de los medios de comunicación. Sin embargo, lamentó que los medios de comunicación confundieran y tergiversaran la realidad. Un día lo dijo así: “Quiero decir que esos medios maravillosos como el periódico, la radio, la televisión, el cine, donde grandes masas humanas están comunicando un pensamiento, muchas veces son instrumentos de confusión. Esos instrumentos, artífices de la opinión común, muchas veces se utilizan manipulados por intereses materialistas y así se convierten en mantenedores de un status injusto, de la mentira, de la confusión: se irrespeta uno de los derechos más sagrados de la persona humana, que es el derecho a estar informado, el derecho a la verdad (Homilía, 7 de mayo 1978)

Nuestro santo obispo Mártir lamentaba que los medios de comunicación ocultaran la realidad y se pusieran al servicio del dinero y de los intereses de quienes tenían el poder del dinero. Así lo dijo en una ocasión: “Es una lástima, hermanos, que en estas cosas tan graves de nuestro pueblo se quiera engañar al pueblo. Es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las condiciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico o de la televisión o de la radio porque todo está comprado, está amañado y no se dice la verdad” (Homilía, 2 de abril de 1978)

De acuerdo a la experiencia de nuestro país, las personas propietarias de los medios están, mayoritariamente, tras el dinero y tras el poder. Y delante de los medios está la voz, la palabra, la pluma del periodista, del comunicador social. Y esa palabra se encuentra ante el dilema de ser fiel a la verdad o ser fiel a los intereses de los propietarios de los medios que buscan manipular la realidad desde sus intereses. Sus palabras fueron muy fuertes: “…¡Lástima tantas plumas vendidas, tantas lenguas que a través de la radio tienen que comer y se alimentan de la calumnia porque es lo que produce! La verdad muchas veces no produce dinero sino amarguras, pero vale más ser libre en la verdad, que tener mucho dinero en la mentira” (Homilía, 7 de mayo 1978).

El periodista es un apóstol de la verdad, y esta vocación por la verdad es el distintivo de un comunicador social. Cuando falta este distintivo, como dijo Monseñor Romero, se pierde la identidad del periodista. Un profesional de la comunicación sabe que si dice la verdad en una sociedad atrapada en dinámicas de poder controladas por pequeños grupos, su vida estará siempre cuestionada, y sus palabras serán tergiversadas. San Romero, como modelo de comunicador y de evangelizador de nuestro tiempo, lo dijo, y citamos: “No le tengamos miedo a quedarnos solos si es en honor a la verdad. Tengamos miedo de ser demagogos y andar ambicionando las falsas adulaciones del pueblo. Si no le decimos la verdad, estamos cometiendo el peor de los pecados: traicionando la verdad y traicionando al pueblo” (Homilía, 25 de noviembre 1979)

Cuando una persona dedicada al periodismo, se ciñe a lo que dice San Romero, nunca recibirá premios, y lo normal y lamentable, es que expondrá su vida. San Romero pagó ese precio con su vida. Lo mismo ocurrió con otro gran comunicador social, el jesuita mártir, el Padre Ignacio Ellacuría. Este hombre comprometido con su palabra al servicio de la verdad y de la justicia, supo situar la crítica a los medios de comunicación en el marco de una crítica a la democracia. Escuchemos sus palabras: “el gobierno y los propietarios de los principales medios de difusión masiva, suelen hablar de libertad de opinión y de prensa como derechos fundamentales y como condición indispensable de la democracia. Pero si esa libertad de opinión y de prensa sólo la pueden ejercitar quienes poseen medios no adquiribles por las mayorías, resulta entonces que la libertad de prensa y de opinión así ejercida, es un hecho que hace imposible la democracia”

Este mes de mayo está dedicado al periodista y muchas invitaciones caerán en las manos de los comunicadores sociales. Abundarán almuerzos, cenas, regalos, abrazos y felicitaciones. Pero aquellos periodistas que se han mantenido  fieles a la realidad y a decir la verdad, recibirán pocas invitaciones y los premios estarán alejados de ellos. Sin embargo ese es el periodismo que dignifica. Y por ese periodismo se contribuye a la libertad de expresión, libertad de prensa y a la democracia. Y es lo que acerca a la máxima evangélica: la verdad nos hará libres.