

¿Para dónde va el Parlamento Centroamericano?
Las instituciones regionales han proliferado en las últimas décadas en Centroamérica. Una de ellas es el Parlamento Centroamericano. ¿Qué tanto ha ayudado en la práctica para los procesos de cooperación, desarrollo humano y sostenible en Centroamérica?
En los hechos, es un elefante blanco constituido por 20 representantes de cada país miembro, lo que suma en total 120 diputados. Mucha gente muy bien pagada y no se ve ni grandes ni pequeños resultados. Algunos dicen que es más cueva de inmunidad para ex presidentes y diputados con cuentas pendientes en sus países. ¿Cuánto se gasta y sale de los impuestos y los bolsillos de los ciudadanos centroamericanos para sostener una burocracia tan grande e improductiva?
No se ven grandes resultados. Siguen los grandes conflictos de violencia, migración, narcotráfico, autoritarismos, y el Parlamento como si no existiera. Mucha gente se pregunta si no ha llegado el tiempo para replantear su existencia. Y de existir, ¿no sería más que suficiente dos representantes por cada país para reducir los costos de salarios, viajes, gastos de representación y tantos beneficios que los ciudadanos comunes ni nos enteramos?
¿Cuántos políticos se han acobijados y han utilizado el Parlamente Centroamericano para mantener su inmunidad y evadir la justicia por los delitos cometidos de corrupción, malversación de fondos públicos, el autoritarismo, la participación en redes de la criminalidad organizada y el narcotráfico?
De seguir existiendo, sería interesante invitar observadores creíbles que tengan una reconocida integridad y autoridad ética en los países en la región, no solamente para ver si funciona y lo que hacen los diputados de esta institución, sino para observar y vetar a aquellos políticos que han buscado su paraíso jurídico y fiscal en esta organización regional vacía e inoperante.
En el contexto actual, vale la pena pensar en observadores de países con reconocida solidez institucional pública, independencia judicial, transparencia financiera y de una cultura política ética, entre ellos algunos países suramericanos, o de otras latitudes como Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Noruega, Singapur, Suecia, Suiza, Australia, Islandia, Alemania e Irlanda. ¿Por qué no invitar a algunos de estos observadores para que incidan y se cambien estas dinámicas destructivas antes mencionadas que han hecho mucho daño a los pueblos centroamericanos?
Así como está Centroamérica, no podrá salir por su propia cuenta. Y menos con un caparazón como el actual Parlamento Centroamericano. Necesitamos el apoyo y la presencia de la comunidad internacional que incida en construcción de democracia, Estado de derecho, derechos humanos, la vulnerabilidad social, económica y ambiental. Necesitamos apostar por una integración centroamericana justa, equitativa con el firme propósito de acabar con los males nacionales y regionales. Hay que trabajar para lograrlo.
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