María, una de las productoras de papa en el departamento de Intibucá, hizo un llamado urgente a las autoridades hondureñas para que impulsen planes y estrategias de apoyo a los productores que se han declarado en emergencia por la falta de lluvias.

Para María, el respaldo gubernamental es necesario, ya que decenas de familias de su comunidad perdieron las cosechas debido a la escasez de agua. “Ya no se trata solo de nuestras familias que no tenemos qué comer, sino de la crisis alimentaria por la baja producción”, dijo la productora lenca.

En Honduras, las lluvias irregulares, la deforestación y los efectos cada vez más intensos del fenómeno de El Niño han convertido la agricultura en una actividad de alto riesgo. En muchas comunidades, las pérdidas de cosechas alcanzan entre el 60 y el 70%, dejando a miles de familias sin alimentos y sin ingresos. Maria entra en ese recuento. 

Para expertos, no se trata únicamente de una mala temporada, sino de una crisis que se repite.

La falta de lluvias durante la época de siembra ha destruido el sustento de cientos de familias agricultoras.

Entre 2014 y 2016, Honduras enfrentó una de las sequías más severas de su historia reciente. Miles de familias perdieron sus cultivos y cientos de miles necesitaron asistencia alimentaria para sobrevivir. Luego, entre 2017 y 2020, una nueva cadena de sequías volvió a golpear el Corredor Seco, afectando a aproximadamente 1.3 millones de personas, según reportes de la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO).

La historia volvió a repetirse entre 2023 y 2024. Un nuevo episodio de El Niño redujo las lluvias y disminuyó la producción agrícola, lo que agravó la inseguridad alimentaria en las comunidades más vulnerables. Un año después, en 2025 y 2026, los pronósticos climáticos ya advertían un escenario aún más complejo, impulsando acciones preventivas para proteger a unas 65 mil personas en departamentos como El Paraíso y Francisco Morazán.

Pero detrás de cada cifra hay una familia. Hay madres como María, en Intibucá, que reducen las porciones de comida para que sus hijos puedan comer un poco más. Hay agricultores que vuelven a sembrar sabiendo que probablemente perderán la inversión.

“Es muy difícil seguir apostando al campo. Cultivar cada vez es más caro, los insumos están por las nubes, no hay sistema de riego, pocas lluvias y nos encontramos en el abandono, sin que existan ayudas de las autoridades destinada a fortalecer el agro”, dijo la productora. 

Esa falta de agua está provocando, además, que las niñas y niños que caminen largas distancias para conseguir agua y comunidades enteras observan cómo los pozos se secan antes de terminar el verano.

 La sequía extrema golpea con fuerza a la ganadería local, provocando la muerte de animales por deshidratación y desnutrición. Foto: EFE Verde.

“La sequía no solo destruye cultivos, también vacía los reservorios de agua, debilita la ganadería, aumenta la desnutrición infantil y obliga a muchas personas a abandonar sus hogares. Cuando la tierra deja de producir, migrar deja de ser una decisión y se convierte en una necesidad”, dijo Carlos Alberto López, comisionado de COPECO en la zona norte de Honduras.

López agregó que la situación por sequías es tan crítica que Honduras se mantiene en alerta verde permanente en nueve departamentos del Corredor Seco debido a las altas temperaturas y la falta de lluvias.

“Honduras mantiene alerta verde permanente en el Corredor Seco de nueve departamentos debido a la falta de agua y las altas temperaturas, lo que afectará los cultivos”, expresó el especialista.

Para Maria atender los efectos del fenómeno del niño es urgente. “No podemos estar jugando con la vida de la gente. La baja en la producción de papas se traduce en que mi familia no tendrá dinero para cubrir la canasta básica, servicios y otras emergencias que se nos presenten. Es cuestión de vida o muerte tener planes que hagan frente a esta realidad que hasta ahora no es atendida”, comentó. 

Con el ejemplo de María, se revela que las sequías severas reducen drásticamente las cosechas y secan las fuentes de agua. En este escenario, son las mujeres quienes deben dedicar mayor tiempo y esfuerzo físico a recolectar agua para sus familias y buscar alimentos alternativos, lo que anula sus posibilidades de generar ingresos propios o continuar con su educación.

Mientras las autoridades recomiendan a la población mantenerse atenta a los boletines oficiales y tomar medidas preventivas ante condiciones climáticas que podrían agravarse con el fenómeno de El Niño, las mujeres productoras como María piden acciones claras y concretas del gobierno. 

Con testimonios como el de Maria, se refuerza la alarma que han hecho organizaciones sobre el fenómeno de El Niño y su impacto de manera desproporcionada a las mujeres centroamericanas, especialmente en el Corredor Seco, ya que la falta de agua agrava la inseguridad alimentaria, y la pobreza. Las desigualdades entre las realidades de hombres y mujeres aumentan su sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados, y elevan los riesgos de violencia y migración forzada.