

Justicia estructurada para la impunidad
Los recientes acontecimientos vinculados con la aplicación de la justicia ratifican lo que todo mundo sabemos en Honduras: no tenemos un sistema de justicia, sino un sistema estructurado para aplicar a rajatabla el contenido de la ley a quienes están en estado de indefensión y para interpretar esos mismos contenidos con la mayor benevolencia a quienes se sitúan en condiciones de poder político, económico o criminal.
En esto abundan los ejemplos, cada uno puede contar historias reales sobre la aplicación de la justicia. En no pocas ocasiones se ha sabido de personas que son capturadas cortando un tallo de guineos en una de las fincas bananeras, la policía la captura, la muestra en medios de comunicación con el cuerpo del delito y pasa a una de las cárceles hondureñas en donde pasará recluida por muchos años porque no existe proceso judicial que le dé seguimiento.
Se sabe de personas defensoras de ríos, como ocurrió con miembros del Comité en defensa de los bienes comunes y públicos de Tocoa, que por defender el río Guapinol y luchar en contra de la explotación ilegal de la mina en dicha zona, fueron capturados y recluidos en una cárcel acusados de criminales.
Una de esas personas fue Juan López. No solo fue implacablemente denigrado, estigmatizado por redes sociales, perseguido, capturado y encerrado en prisión, si no que una vez que la justicia no logró mantenerlo recluido, no surtiera efecto las calumnias en su contra, y sin que sus acusadores encontraran razones para condenarlo, decidieron organizar y ejecutar su asesinato.
Y así podríamos hacer un interminable listado de la justicia cuando se aplica con dureza en contra de ciudadanos que no tienen cómo defenderse ni tiene poder que los ampare. En el otro extremo, tenemos casos como el de Juan Orlando Hernández, exconvicto y debidamente condenado como narcotraficante. Su poder criminal y político obliga al sistema de justicia a rendirse ante sus pies. El exalcalde de Tocoa, como era previsible, recibió medidas sustitutivas a la cárcel y ahora organiza fiestas en su residencia para celebrar los triunfos que va logrando ante la justicia.
Así va la vida en nuestro paisaje hondureño. Y así se explica por qué las élites políticas se hacen un solo nudo para impedir a toda costa que se instale un mecanismo internacional que investigue con independencia las redes de corrupción y criminalidad que se pavonean con impunidad por los corredores del “templo de encantadores de serpientes”. Así es la justicia en Honduras y nada nuevo bajo el sol nos espera para los años venideros. Solo la impunidad.

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