

A propósito de la educación y la patria
Estos días se conmemoró el Día internacional de la albanización, una fecha importante para hacer conciencia sobre la importancia de la educación como herramienta para transformar la sociedad. Sin embargo, vivimos tiempos distópicos, donde el paisaje dominante es dibujado por alfabetas funcionales.
No es común encontrar un ciudadano alfabetizado con interés en la política y los asuntos públicos del país, que tiene conocimiento de la realidad nacional, que sabe identificar las causas de la crisis del país y ubica con claridad a los conductores de la crisis. Y menos frecuente es encontrar personas que tienen conciencia de su entorno, que identifican a quienes le oprime y se organiza para transformar su realidad.
Es normal encontrarnos con personas que hablan de todo sin que pasen de las generalidades. Son tiempos de las redes sociales, de los videos cortos y de los influencer. El alfabeto funcional que lee titulares, pero no comprende lo que está viendo y, le pican los dedos por publicar lo que genera morbo y risa fácil. Los alfabetos funcionales, son el ejército de aliados de las elites que conducen el poder.
Como lo escribió en sus versos Bertolt Brecht “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del pan, del pescado, de la harina, del alquiler, de los zapatos o las medicinas dependen de las decisiones políticas”.
Ellos son los que priorizan lo privado por encima de lo público, lo individual por encima de lo colectivo, se pelean por un equipo que no es suyo, son lo que aplauden la payasada de un político publicada en sus redes sociales, son lo que llenan los estadios para ver un partido de futbol entre influencer, los mismos que se sienten orgullosos porque no votan de gratis, sino que subastan el voto a quien ofrezca más. Son los verdugos de su propia calamidad.
Un analfabeto político es aquel que habla sin saber y vota sin conocer. Ellos son las presas fáciles de gritones, de los cantos de sirenas, de líderes mesiánicos o de lobos vestido de ovejas en color verde olivo. Son los que sin darse cuenta terminan siendo el tobogán de las dictaduras.
