

La necesidad de una refundación cultural para detener la violencia machista
Hace apenas semanas, en uno de nuestros editoriales denunciamos que en lo que iba del año se habían registrado 107 femicidios, una cifra escalofriante que refleja la forma más extrema de violencia en contra de las mujeres y las niñas.
Hoy, el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras nos entrega una cifra que duele y enfurece: ya van 135 mujeres asesinadas violentamente en los primeros seis meses del año.
En cuestión de semanas, 28 vidas más se apagaron. ¿Cuántas más tendrán que caer para que la élite política y la sociedad en su conjunto reaccione ante tanta sangre derramada?
Estos números no son estadísticas; son rostros, son nombres, son historias truncadas por una cultura de muerte que nos atraviesa como sociedad. Y ojo, no se trata solo de endurecer penas.
Las reformas penales son necesarias, pero insuficientes si no reconocemos que la raíz del mal es cultural: una estructura patriarcal que enseña a los hombres que el poder se ejerce con violencia.
Mientras sigamos educando a los varones para dominar y a las mujeres para soportar, las cifras seguirán creciendo. No hay ley que pueda detener lo que la escuela, la familia y los medios de comunicación no están dispuestos a cuestionar. Honduras necesita una refundación cultural. Necesita políticas que interpelen a los hombres, que desmonten los privilegios, que enseñen que la violencia no es sinónimo de hombría.

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