Miércoles, 02 julio 2025  

Las inundaciones de siempre, una conciencia crítica que crece

La tempestad, incluso el más pequeño aguacero, sigue siendo una amenaza. Comunidades en la zona baja de la margen derecha del río Ulúa, en donde estuvieron los campos bananeros, están bajo el agua. Bordos que debieron haberse construido en la temporada seca, dejaron expuestas a las comunidades con sus cultivos. Y se trata apenas de los primeros aguaceros de la temporada.

La gente es clara en decirlo: aquí no queremos políticos y funcionarios que nos vengan con provisiones. Eso es una burla. Nosotros necesitamos que las autoridades actúen para proteger la cuenca del río, puesto que por su negligencia y corrupción estamos así de inundados.

La gente ya comienza a abrir sus ojos. En lugar de echarle la culpa a Dios, señalan con el dedo a las autoridades mentirosas y oportunistas. Lo que Dios quiere es que dejemos la conciencia mágica, la cual se afana en poner a Dios como reparo para todos los males. La conciencia mágica es un recurso que usamos cuando no tenemos capacidad para asumir nuestros propios compromisos y consecuencias. De la conciencia mágica debemos pasar a la conciencia crítica: y esa es la conciencia que comienza a tomar la gente en esas comunidades inundadas.

Mucha gente de esas zonas va creciendo en conciencia crítica, la que necesitamos fortalecer para que no le echemos la culpa a Dios, sino que a la luz de la fe sepamos discernir los acontecimientos para descubrir el paso de Dios por la historia de la humanidad, que siempre es misericordioso y exigente. Y saber identificar quienes son los causantes de nuestros males.

Por mucho que sean los desastres y las inundaciones, todos esos males pueden ser oportunidad para recuperar nuestro camino y convertir incluso las peores inundaciones en oportunidad para crecer en conciencia de pueblo. En varios sectores del país las comunidades denuncian a los políticos por aprovechados. Se sabe de algunas comunidades que impiden la llegada de políticos ofreciendo pequeñas provisiones en tiempos de inundaciones, cuando estuvieron ausentes cuando las comunidades reclamaban la presencia de maquinarias para reparar bordos o abrir caminos de penetración.

Hay señales. Jóvenes que se organizan para prevenir y acompañar a las comunidades en su lucha porque se atiendan sus demandas de prevención de inundaciones. Y en tiempos de emergencia, muchos jóvenes dejan sus quehaceres y se vuelcan hacia las víctimas. Son signos hermosos de que algo está naciendo desde abajo, luego del cansancio de haber esperado inútilmente que de arriba vengan las respuestas. Bien, vamos aprendiendo aquello que dice el canto religioso: cuando el pobre busca el pobre y nace la organización, es que empieza nuestra liberación.

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