En medio de flores, plantas asombrosas y diversidad de animales en la Cordillera el Merendón, que además de embellecer es el pulmón del Valle de Sula, sirve de hábitat a más de 75 mil personas en más de 45 comunidades. Sin embargo la armonía que han mantenido con la naturaleza ha sido irrumpida por las pretensiones de instalar represas hidroeléctricas en los riachuelos que bañan la zona.

La construcción que desarrolla la empresa Hidroeléctrica Nacional, S.A. (Hinsa), en comunidad La Unión,  ha sido denunciada por los pobladores por deforestar parte del bosque sin ser consultados en tiempo y en debida forma para ver si estaban de acuerdo o no con la instalación de la misma.

“Por la forma como están avanzando en la construcción de la hidroeléctrica hay un malestar generalizado en al menos 10 comunidades. Y hasta la fecha no hemos tenido ninguna explicación  porque las negociaciones se hacen sin el consentimiento de nosotros, que somos quienes cuidamos este recurso”, indicó  José Díaz, presidente de la Federación de Patronatos de El Merendón.

Manifestó que  la represa se quiere construir en río Frío y río el Cusuco, afectando además otros riachuelos y varios sectores de bosque que tanto han cuidado, recordó que es del Merendón  que  dependen los que habitan en la zona alta, así como las personas que habitan en las ciudades aledañas a la cordillera.

“Yo vivo en la comunidad de  Tomalá, y en la aldea las  Neblinas,  La Virtud, a San Martha,  Miramar, entre otras estamos en contra de cualquier proyecto que venga a entorpecer nuestro entorno y lo que siempre hemos protegido”, remarcó.

Proteger la vida  

La cordillera el Merendón es una zona de grandes historias de mujeres y hombres trabajadores, honrados y que con amor cultivan flores, café, rábano, cacao, maíz, frijol  y  otros productos. “Al subir uno comienza a disfrutar de la preciosidad de este escenario natural.  Infinidad de clases de árboles, y entre ellos ríos,  riachuelos y cascadas que refrescan y dan vida”, indicó Juan Mejía, del Movimiento Amplío por la Dignidad y la Justicia, MADJ.

Aseguró que lo lamentable es que por arte de magia aparecen grupos de poder  para adueñarse  del bosque y los ríos que por años han sido protegidos por las comunidades. “En esto el gobierno central y la alcaldía de San Pedro Sula, tienen mucha responsabilidad ya que son los que a espaldas de las comunidades otorgan los permisos”, indicó.

A renglón seguido dijo que  es compromiso de toda persona especialmente de los habitantes del Valle de Sula, proteger este tesoro natural. Velar para que se respete la vida, su fauna y flora. Denunciar a quienes deforestan y a quienes pretenden instalar represas hidroeléctricas.

Problema de país 

“El problema que enfrentan las comunidades del Merendón, es el mismo que enfrentan cientos de comunidades en diferentes zonas del país, ya sea por la instalación de represas hidroeléctricas o las pretensiones de compañías mineras de explotar los cerros de las comunidades”, indicó Juan Mejía.

Manifestó que son las comunidades las que se organizan para defenderse de la voracidad del gobierno, de empresas nacionales y transnacionales quienes a costa de lo que sea pretenden instalar los proyectos extractivos en las comunidades.

“Por ejemplo en el otro pulmón del valle de Sula, la Cordillera Mico Quemado, también hay cuatro solicitudes para instalar igual número de compañías mineras. En una de las solicitudes se pide explotar la zona donde habita la Tribu Guanigiquil, jurisdicción de El Negrito, Yoro”, indicó.

“Lo mismo está pasando en las montañas de la cordillera Nombre de Dios, en Atlántida, de manera similar está pasando en las montañas de Yoro, Lempira, Intibucá, La Paz, etc. Dónde hay concesiones aprobadas para la instalación de hidroeléctricas y mineras, sin el consentimiento der las comunidades”, aseguró.

Represas dañinas 

Siempre se ha dicho que las grandes presas hidroeléctricas eran más dañinas para el medio ambiente que las pequeñas. Un nuevo estudio de impacto ambiental de las presas sobre la riqueza ecológica en China,  ha puesto en duda esta afirmación al mostrar que las pequeñas presas destinadas a la producción eléctrica pueden degradar los ecosistemas y los paisajes naturales más severamente que las grandes infraestructuras.

Los investigadores han llegado a esta conclusión en un estudio de la destrucción del hábitat y la degradación ambiental asociada al río Salween y sus afluentes en la provincia de Yunnan (China).

“Las pequeñas represas han ocultado sus efectos adversos, especialmente el efecto acumulativo», dijo  Kelly Kibler, ingeniero hidrólogo y responsable del estudio. “Uno de los principales resultados de nuestro estudio es que muestra que no hay que subestimar el impacto ambiental de las pequeñas centrales hidroeléctricas.”

Tras la evaluación de los datos de campo, los modelos hidrológicos y la evaluación del impacto ambiental producido por las pequeñas presas,  Kibler y Tullos concluyeron que las pequeñas represas  presentaban graves problemas ambientales en  9 de los 14 criterios estudiados.

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