Viernes 28, Junio 2024  

Golpe de Estado: acto supremo de corrupción e impunidad

El Estado de Derecho sostiene que ninguna persona está por encima de la ley, y que todas las personas somos iguales ante la ley. Quienes más han repetido esta formulación a lo largo de quince años de golpe de Estado, son quienes precisamente están señalados por el mundo entero, como responsables de romper con la Constitución y de haber construido una institucionalidad pública al servicio del crimen y del narcotráfico.

Con el golpe de Estado quedó ratificado que en nuestro país llevamos muchos años, al menos desde 1981, con la Constitución y las leyes secundarias subordinadas a la política, y específicamente subordinada a unos pocos políticos, altos empresarios y a los altos oficiales de las Fuerzas Armadas, en el marco estricto de la ley del más fuerte.

Aquí reside la fuente de la corrupción y de la impunidad que cristalizaron en el golpe de Estado, Y esto es fuente permanente de corrupción e impunidad.  Si existen políticos que llevan décadas controlando el Congreso Nacional o transitando de un ministerio a otro, que controlan y negocian el sistema de justicia, sin importar el color político, confirma la concepción patrimonialista del Estado, y que se encarna con precisión en quienes dieron un golpe, el cual se dio en Honduras se dio para quedarse.

¿Qué es lo que está en la base del golpe de Estado? Que unos señores políticos y pudientes, comenzaron a tener miedo de que les arrebataran su patrimonio, es decir, el Estado. Y actuaron exactamente como sus propietarios, haciendo uso de todos los recursos, comenzando por poner a su favor las leyes con el fin de impedir que nadie, que no sean ellos, maneje para su gusto y antojo el Estado con todos sus bienes. Y ese conflicto persiste hoy con mucha más crudeza.

Si la corrupción la entendemos como el uso perverso de los bienes para provecho particular, sea personal o familiar, entonces la concepción del Estado como patrimonio de un reducido sector de políticos y de empresarios, es un acto permanente de corrupción. Y el golpe de Estado –que obligó a toda la sociedad a obedecer a un régimen impuesto por la fuerza– fue la cristalización suprema de ese acto de corrupción e impunidad.

Sacudirnos de esas tendencias personales o familiares de control del Estado, es condición para sentar las bases de un Estado de derecho desde donde se haga cumplir las leyes sin privilegios y por encima de personas y grupos que quince años después de aquel cruento golpe de Estado siguen creyendo que el Estado y el manejo de sus instituciones es de su propiedad.