Johan Mejia

Lic. en Comunicación y Publicidad


En el mundo de la comunicación hay dos frases ligadas a la comunicación organizacional o empresarial que se pregonan frecuentemente: “Lo que no se comunica no existe”. Y la segunda que va ligada también a la naturaleza del ser humano como un ser comunicador nato: “el silencio también comunica”.

En Honduras vivimos (o aspiramos a vivir) en un Estado de Derecho, en el cual existe la separación de poderes, libertad de culto, garantías constitucionales y una legitimidad del poder ciudadano.

Sin embargo, en el transcurso de este año hemos podido observar cómo el gobierno actual ha violentado u ostentado violentar estas garantías, ante lo cual, poco o nada se ha pronunciado la Iglesia Católica.

“No es tarea de la iglesia sustituir al Estado y la política”[i] pero en un país donde se ven violentados los derechos individuales y colectivos de la población mientras se favorecen a unos pocos, la iglesia está llamada a denunciar las injusticias y proclamarse a favor del pueblo, porque “es su derecho y deber pronunciarse donde la vida en común es amenazada por la injusticia”[ii].

¿Por qué ha permanecido en silencio la Conferencia Episcopal? ¿Por qué mantener el concepto de “neutralidad”? ¿Basta con que un funcionario público se llame asimismo cristiano o cristiana para obrar en contra del pueblo? No quiero creer que esto o el hecho de tener una bandera denominada “provida” izada en el Congreso Nacional sean razones suficientes para callar ante las injusticias que vive el pueblo.

En poco menos de 8 meses hemos visto:

  • La intención de atentar contra los artículos 77 y 151 de nuestra Constitución[iii] que garantizan una educación laica y la libertad de culto, con la propuesta de ley para la lectura obligatoria de La Biblia en los centros educativos. La Iglesia no mostró ninguna postura clara sobre el proyecto de ley.
  • La aprobación de la Ley de Protección Agroindustrial, que favorece a las grandes industrias, aplastando al sector campesino y a comunidades que son desplazadas de sus territorios; y, a pesar de que algunos líderes de la Iglesia se pronunciaron de manera individual, la Conferencia Episcopal no emitió un comunicado al respecto.
  • El retorno de un exmandatario y exconvicto condenado internacionalmente por delitos vinculados al narcotráfico, siéndole retirado sus cargos en nuestro país; y nuevamente la Iglesia no dijo nada.

La iglesia a través de la Conferencia Episcopal está llamada a pronunciarse, partiendo de la propia Doctrina Social de La Iglesia, la cual tiene dos tareas fundamentales:

  1. Poner de relieve los compromisos de la acción social y justicia, tal como se manifiestan en el Evangelio.
  2. Denunciar en nombre de la justicia las estructuras sociales, económicas y políticas que están en contra del Evangelio[iv].

La iglesia no está llamada a la neutralidad, la iglesia debe vivir por y para los pobres, que en Honduras representan además cerca del 61.1% de la población[v], y debe de instar al Estado a priorizar políticas a favor de los más vulnerados, tal como lo expresó el Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum (1891): “por consiguiente, siendo absurdo en grado sumo atender a una parte de los ciudadanos y abandonar a la otra, se sigue que la autoridad pública debe tener los debidos cuidados del bienestar de la clase proletaria; de lo contrario, violará la justicia, que manda dar a cada uno lo que es suyo”[vi].

Es por ello que la Iglesia debe pronunciarse, porque el silencio también comunica, y en una sociedad que sufre constantemente ante las injusticias, su silencio puede interpretarse como una forma de avalarlas o de tomar partido.

Pero este llamado a la acción no debe de ser únicamente para los líderes eclesiales, sino también para todas y todos los que proclamamos la fe cristiana, puesto que “nadie puede escuchar el evangelio sin sentirse desafiado por lo social”[vii].

La sociedad hondureña vive en una completa apatía por lo social y los bienes comunes, y es ahí donde está llamada la iglesia para que desde el Evangelio actúe como promotor moral, para que nosotros y nosotras desde la laicidad defendamos el Estado de Derecho.

En conclusión, la iglesia debe procurar la libertad de culto para todas las comunidades religiosas puesto que así lo reconoce la iglesia universal en la Declaración Dignitatis Humane (1965).

Debe también pronunciarse ante las injusticias y acciones del gobierno y de cualquier grupo de poder que atente contra el Estado de Derecho y la dignidad humana, puesto que la iglesia no está aislada de la sociedad civil y es lo que dicta el Evangelio.

Y nosotros como creyentes, pero, sobre todo como hondureños y hondureñas debemos contribuir desde nuestra voz, nuestro trabajo y nuestras luchas a construir un mejor país, y ya no ser indiferentes al dolor ajeno. Ya lo mencionan Los Guaraguao en su canción “no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz”.

San Pedro Sula, 06 de septiembre de 2026


Referencias

[i] Fundación Youcat (2017). Docat: ¿qué hacer?: la doctrina social de la Iglesia. Verbo Divino, 42.

[ii] Fundación Youcat, Docat: ¿qué hacer?: la doctrina social de la Iglesia, 42.

[iii] Constitución de la República de Honduras [Const]. Art. 77,151. 11 de enero de 1982 (Honduras).

[iv] Fundación Youcat, Docat: ¿qué hacer?: la doctrina social de la Iglesia, 34.

[v] Instituto Nacional de Estadística. (2026). Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples, EPHPM 2026.

[vi] León XIII. (1891). Rerum Novarum [Carta encíclica]. El Vaticano.

[vii] Fundación Youcat, Docat: ¿qué hacer?: la doctrina social de la Iglesia, 36.