Miércoles 05, febrero 2025  

El que paga la fiesta pone la música

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero, dijo, Voltaire. Y esto encaja con nuestra Honduras electoral.  Ya lo dejaron establecido los testimonios de narcos en Nueva York, el narcotráfico no solo ha financiado las campañas políticas, sino que narcos en plena actividad delictiva han optado a cargos públicos y han salido electos.  

Por su parte, altos empresarios del sector privado han sido y siguen siendo contribuyentes decisivos en el mercado electoral. Partidos políticos, negocios turbios, capitales privados, conforman una mezcla que como bomba molotov hacen explotar sus intereses en la contienda electoral.

Esto no es nuevo. Todo mundo lo sabe, y tristemente se acaba resignando a que así sea la “democracia” hondureña. Aún hay más. La Unidad de Política Limpia se ha declarado incapaz de rastrear ni dineros del narcotráfico ni los patrocinios del gran capital en las campañas electorales. Y a esto añadimos una cerecita al pastel electoral: las cúpulas de los partidos, en su mayoría, están bajo control de dirigentes ligados a los grandes empresarios industriales, financieros, y algunos, al crimen organizado.

La campaña política se acaba convirtiendo en un mercado en donde hay trueques entre lo que compra un grupo de interés y lo que vende a futuro un candidato, debilitando así toda la institucionalidad del Estado, porque, a fin de cuentas, como reza el refrán de nuestros ancestros, el que paga la fiesta pone la música.

Este es el escenario electoral presente de donde saldrán los candidatos de los partidos políticos para la gran contienda del último domingo de noviembre, de donde saldrán las nuevas autoridades que sucederán a la actual presidenta Xiomara Castro, quien, como sabemos, asumió el cargo el 27 de enero de 2022. ¿Serán nuevas, o serán apenas resultado de este trueque de mercado electoral?

Muchas personas de muy buena voluntad e ingenuidad se lanzan a precandidaturas, buscando candidaturas que sin dinero y creyendo en simpatías y honestidades, caen de bruces ahogadas en el mar de millones de dólares o lempiras, donde solo pueden nadar con éxito los cercanos o afines a las grandes cúpulas empresariales y algunas criminales.

En todo caso, es deber ciudadano denunciar este modelo electoral antidemocrático, excluyente y corrupto. Quedarnos callados es colusión, es pecado y traición a los sagrados intereses de la Patria. Es necesario unir todas las voces de la población honesta y convertirlo en grito de protesta y hacer frente a esta alianza de poderes perversos. Solo así podemos ir construyendo una verdadera democracia, donde la población hondureña no solo vote, sino que alcance dignidad.