

Los privilegios políticos de los diputados y la discriminación laboral
En Honduras ser diputado no es una vocación. Es un privilegio. A ellos la gente los va a votar, una vez que ya han sido elegidos por los propietarios de los partidos políticos. Una vez que están en la lista de los elegidos, comienza la brillante carrera política plena de satisfacciones y de regalos, privilegios y beneficios que jamás podrán obtener los ciudadanos de a pie.
Así, los llamados padres de la patria, no se preocuparán por sus salarios porque están garantizados, sus viajes al extranjero con jugosos viáticos, y no sabemos cuántos otros beneficios más. Además, la gran novedad es que se les paga por vacaciones permanentes. ¡Quién diría que esto es posible en uno de los países más pobres del Continente Americano!
Pero no ocurre así con la mayoría de empleados de nivel medio para abajo. Trabajan y trabajan, muchas veces acumulan meses sin recibir sus salarios con días intensos de trabajo, turnos sacrificados y grandes penurias para poder sobrevivir mientras llega el día en el que se les pague por su trabajo.
Y no podemos olvidar que el Congreso Nacional gasta millones de dólares anuales en salarios de 256 diputados. Y a pesar de que no sesionen continúan recibiendo su salarios y viáticos sin interrupciones. No así, por ejemplo, los médicos y las enfermeras que enfrentan retrasos en sus pagos salariales, además, las enfermeras tienen bajas remuneraciones, y también, tienen que hacer protestas y movilizaciones para exigir que se cumplan los acuerdos salariales y obtengan mejores condiciones laborales.
Lo más triste de esta situación es que todos los hondureños y hondureñas somos quienes pagamos por los privilegios de los diputados y por esta discriminación que sufren las enfermeras, los médicos y muchos otros empleados con el pago de sus salarios retrasados. Es una especie de apartheid económico en el cual la vida de los trabajadores esenciales vale menos que los privilegios de los políticos y las élites.
Por otra parte, la baja productividad del Congreso, unida con la ausencia de rendición de cuentas, les otorga a los diputados todas las ventajas para continuar con sus privilegios sin tener el riesgo de consecuencias políticas significativas. Con el agravante de que la falta de transparencia en el uso de los fondos públicos les permite destinar recursos a gastos que no son prioritarios.
Sumado a todo esto, vale la pena reflexionar sobre el gran número de diputados ociosos que tenemos que mantener en el país. ¿No sería oportuno reducirlos a un diputado por departamento con sus suplentes para que no signifique una excesiva carga laboral para el pueblo hondureño? Señores, hay que ponerse a trabajar como cualquier hondureño y hondureña que gana su salario con el sudor de su frente y con mucha dignidad.

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