

Un día de la Tierra manchado de sangre
Ayer se celebró el Día Mundial de la Tierra, que nos recuerda nuestro deber individual y colectivo de cuidar el planeta. Sin embargo, para muchas personas este compromiso se ha pagado con la vida, pues Honduras sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para quienes defienden la casa común.
Detrás de cada tala ilegal, de cada represa inconsulta o de cada concesión minera, hay cientos de voces silenciadas. Se calcula que desde los años noventa hasta hoy han sido asesinadas más de 150 personas defensoras del ambiente y la mayoría de ellos se encuentran sin castigo.
Los asesinatos de Berta Cáceres y Juan López son dos de los símbolos más cercanos y dolorosos de esta lucha por la defensa de la Pachamama, a los que se suman tantos otros cuyo legado sigue vivo en cada comunidad que se levanta para proteger sus ríos, sus montañas y su territorio.
No bastan los discursos pomposos ni plantar árboles cada 22 de abril para honrar la Tierra, es necesario proteger y exigir al Estado que proteja a quienes la cuidan con su cuerpo y su palabra, y que se adhiera inmediatamente al Acuerdo de Escazú.

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